A partir de hoy mismo, los grupos de presión van a encargar a sus consultoras de comunicación que empiecen a redactar planes para presionar en prensa al Gobierno, para consolidar una opinión favorable a las ayudas públicas al sector. Menos mal que Cristóbal Montoro, aunque de una forma torticera, ha dicho, tal como cuenta CINCO DÍAS, pág 33, que el rescate de sociedades con fondos públicos "no sería presentable".

Es el momento adecuado para pedir ayudas públicas. Ayudas directas o camufladas. El tabú se ha roto en cuanto se ha comprobado cómo gobiernos "liberales" con principios actuaban en realidad como "intervencionistas". Sin dudarlo y sin complejos, como ha hecho Bush. Los que han visto antes el "cambio" han sido las empresas petroleras y las automovilísticas. Pero la petición de ayudas se ha extendido a sectores como las compañías aéreas, carbón, astilleros, textil, calzado. Hay quien incluso ha pedido subvenciones al comercio minorista. El modelo de ayuda pública se adapta al terreno. Hay casos en que se ha nacionalizado y hay casos en que se han titulizado los ingresos recurrentes de las empresas. Dentro de poco los ciudadanos también querrán su parte. Y los industriales y agricultores, una vuelta al proteccionismo en las cumbres de la OMC.

Es admirable volver a ver el travestismo económico de los políticos. Si ayer lo mejor era el Estado reducido pero fuerte y sin deudas, hoy se aprueban ayudas directas a compañías privadas, se difumina el significado del equilibrio presupuestario, los superávit se transforman en déficit y se inunda el sistema de liquidez que, como es sabido, es la fuente inflacionista. Todo esto se produce como consecuencia de la ruptura del marco institucional internacional que, a su vez deriva de la falta de éxito de las medidas de política monetaria y fiscal expansivas que se vienen aplicando desde hace años.

Hace poco se esperaba que la bajada de los tipos de interés traería consigo la reactivación económica. Luego se dijo que el incremento del gasto público y la reducción de impuestos directos y la devolución de los impuestos a los ciudadanos (como ha sucedido en EE UU y con los 400 euros de Zapatero) lograrían mantener el crecimiento de la actividad y del consumo de las familias. Pero ahora ya no se confía en ese tipo de medicinas. La confianza de empresarios y consumidores está por los suelos. Por eso es que abunden más los economistas, políticos y ciudadanos que esperan que sus Gobiernos aprueben apoyos directos con dinero público como el sistema adecuado para poder recuperar la inversión empresarial y evitar el conflicto social.

Por contra, el ex ministro Cristóbal Montoro ha pedido (CINCO DÍAS,
pág 32) la reducción del 2% en el aumento del techo de gasto del Estado, reformar la Ley de Estabilidad, un nuevo programa de vivienda, una reforma de la Ley del Suelo, una nueva reducción del Impuesto de Sociedades a las PyME hasta el 20%, una aumento de la base de deducción en el IRPF y, lo más curioso en esta época de vacas flacas, una subida hasta el 25% en la deducción por compra de vivienda.

Acaba de estallar una burbuja inmobiliaria causada por un exceso de demanda favorecido por tipos de interés al 2% durante muchos años, y ahora resulta que Cristóbal Montoro, responsable de Economía del PP, quiere emular a Esperanza Aguirre con subidas de las desgravaciones a la vivienda.

¡Rato, por favor, vuelve y pon orden en los mensajes de este partido de la oposición con este tipo de propuestas de Montoro, seguro que Solbes/Sebastián estarán más que contentos y podrán presumir ante el Ibex 35.

Ellos son los que querrán quedar bien ante la comunidad empresarial española... gastándose el superávit fiscal y aumentando el nivel de reservas en favor de la protección social a los nuevos desempleados y a emplear discrecionalmente las ayudas salvadoras a los sectores económicos que les interesen.

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