Opeth - Porcelain Heart

-Nos quedan muchos prejuicios; aprendamos a rechazarlos. Dentro del dolor hay muchas más sensaciones y formas de acogerlas... Pero no trato de convencerte; sólo procuro ampliar tu capacidad de comprensión.

-A comprender no me resisto, supongo, ¡soy la comprensión total!

-Te he agradecido que me humillases: al hacerlo te has ocupado de mí, te me has entregado. Me he jactado, incluso, de toda degradación impuesta por tu mano, por tu voluntad, por tu placer.

Adorarte incluye lo que otros llamarán envilecimiento: pero lo vivo de modo que en ese abismo me exalte hasta saberme indigna de tanto bien, hasta ansiar más humillación y desprecio. Imitaré a los místicos, los más altos vividores del amor aunque lo ofrezcan a un altar imaginario: muchos quieren ser los más degradados a los ojos del mundo para sentirse más seguros en su bajeza, más esclavos de lo que adoran.

-Ésa es la entrega del sumiso y más aún de la sumisa entregada a su dios.

-Yo sé que no eres para mí sino para ella, más que yo misma y, ya ves, no me ofendo, porque contribuyo a hacerte Tú. Yo soy tu espíritu. Pero ella es señora de tu aliento, de tu carne, de tu sangre.

Vívidamente recuerdo en un segundo el final de mi tía Alicia que era monja: Humillada y orgullosa, escarnecida y dichosa. Así es, no hay mayor felicidad al final de la sumisión.

Mi silencio se prolonga para memorizar, asimilar esas sentencias irrefutables. Pero, al final de mi cavilación, siento miedo al vacío: el dolor de mi actual soledad me estremece.

-He tratado de mandarte mi mensaje, pero te habías ido a tu taller de teatro e improvisación.

-Me han dicho en el taller de improvisacion que deje de hacer el loco!!! no me siguen!!!

-¡Si estás ansioso de vivirlo, de vivirte como eres! Te entregarás a fondo: te conozco mejor que tú. Y serás otra magnífico precursor en la evolución de la Vida. Gozarás de la embriaguez de todos los adelantados, los descubridores de lo antes nunca conocido: el sexo futuro.

Me mira sin comprender, está claro, la sociedad, el mundo marcha impulsado por los disidentes, como tú y también como ella, tu diosa carnal.

-Cierto, no soy nada, pero ahora sé querer, de verdad, con agonía: soy esa chispa de vida que tú me describiste una vez...Nunca lo supe antes. Hacia la mujer sólo sentí dependencia y además rechazada. Su amor era dirigido a un hombre que yo no era. Era ciego. Me quería deformado, por eso fue fingimiento con todo lo demás. Y ahora que he descubierto a alguien a una diosa se va y me deja solo. ¿Te asombra?

—No pero... no te cuadra... Yo te siento muy distinto. Guía, inspirador, Gran Maestro de un culto esotérico, mágico...

Oprime mi mano, entregándose.

-Y los lugares del cuerpo, de sensibilidad tan diferente... Un campo infinito... Pero, sobre todo, me ejercité en el dolor. Comprendí que el placer y el dolor están tan juntos como lo están la vida y la muerte.

Pero hoy lo he pasado muy mal porque tú no llegabas del taller de improvisación, y al final me he declarado a mi amigo, le he dicho la verdad, no podía soportarlo más.

He comprendido que tú me has rechazado siempre, que he sido tu espíritu, tu guía todo lo más. Y él es el amor carnal para mí, él es mi dios, aunque él no lo reconocerá tampoco y me humillará tanto como tú me has humillado a mí, pero es mi amigo es quien tengo mas cerca de mi. Y necesita de mí, al venir a mí tambien él se ha entregado.

- El cerebro puede interpretar diversamente una misma sensación como placer o dolor: por eso el dolor sufrido no depende sólo de cómo los golpea el dominante sino, sobre todo, de cómo lo recibe y acepta el sumiso, el 'bottom'. Viví el umbral del dolor y también su frontera, donde se confunde con el placer y a partir de ahí se transforma del todo en éste: una vez más el erotismo conecta con los místicos y con los mártires, dichosos en la tortura.

- A veces el dolor excesivo conduce a la inconsciencia, pero también, en cambio, nos hace conscientes, en nuestro cuerpo, de áreas, fibras y músculos que habitualmente ignoramos.

-Conocí, en fin, el dolor como puerta de acceso a una experiencia física y como meta de llegada a otra experiencia más alta: enamorada. Porque la relación amorosa entre dominante y dominado, cualesquiera que sean sus sexos, llega a su hondura hasta la unidad de ambos celebrantes, allí donde el sumiso es tan dueño como el amo y éste es un servidor de aquél.

—Me cuesta trabajo entenderlo. Tú no eres masoquista. Pero me has hecho sufrir mucho. Pienso que es tu mente que quiere estar por encima de todo, esa es tu forma de entregarte, pero yo no te he entendido, o me han cegado todos. No he entendido tu forma de orgullo. Seguramente es así.

Tú te burlas de mí. La sumisión es reducirse a la voluntad del dominante; anonadarse para ser lo que quiera y como nos quiera nuestro dueño. No lo quieres reconocer pero te gusta jugar a ese juego pero con la “mente” sobre todo, ahí es donde me dominas.

Pero crees que eres tú el que domina pero al final eres tú el dominado por asomarte a ese cielo abismal. Nunca me has querido por eso. Porque me has tratado más allá de todo, no por mis convicciones sino por todo, por mi cuerpo agonizante, por mi ojos qu se humillaban, cuando yo ya me había entregado tú no me veías a mí. Y ahora ya es tarde, porque no has sido tú, tú ya eres otro. Aunque me hicieras sufrir no puedo remediarlo. O tal vez sí. No, pero no, vete con tu diosa... Estoy destinada a otro. A ser un ser insignificante, a vivir como todos.

—¿Tan poco me amas?

-A veces te gusta mostrar la faceta mas terca de tu carácter pero no sé, es muy difícil volar con esa mente tuya.

-Mucho, soy agotador.

-A quien tú quieres es a ella, lo que pasa es que tú eres muy orgulloso para reconocerlo. Y yo también debo ser sincera conmigo misma. Ya no puedo más sufrir contigo. Me has humillado hasta el fin.
Yo atisbé algo muy bello en ti, en tu voz, que me recordó como si fueras alguien sabio de muchos años, tienes sabiduría en tu voz, y no sé todo lo que habrás sufrido para llegar hasta ahí. Pero has ido muy rápido. Y te has asustado de que haya podido acompañarte tanto hasta aquí, pero ahora aún todavía me exiges demasiado.

-Sí, pero no me amas.

Confundida, turbada, enmudezco, se ha convertido en sumiso a su diosa.

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