Con Kant ha nacido la libertad sin paliativos y Hegel rompe con el pensamiento la cadena de la que se quejaba del fin de los tiempos cuando su contenido anterior era un Dios onerosamente omnipontente.

Y aquí arranco con el criticismo kantiano, que obliga a cuestionar las cosas y a cribar y discernir los conceptos.
El kantismo es la nueva religión de Hegel que predica que el hombre será un fin en sí mismo.
Pero ha asistido al culmen de la Ilustración y al nacimiento del Romanticismo y las insuficiencias del kantismo empiezan a revelársele casi inmediatamente. En su correspondencia con Schelling y Hölderlin le alegra mucho la entrada a saco del criticismo en el "Stift" de la religión, aunque le consta que los teólogos se confesarán kantianos a fin de cambiarlo todo para que no cambie nada, “acarrean materiales críticos para consolidar su templo gótico”; sin embargo, con optimismo opina que “entre los materiales que roban a la hoguera kantiana para impedir el incendio de la dogmática, se llevan también brasas a casa”.
Porque lo que se ha impuesto en el convictorio es el modo de operar de la “Crítica de la razón práctica” y el mecanismo ideado es sencillo: primero se prueba una necesidad de la naturaleza humana y al instante ahí está la antigua metafísica para cubrirla.
La Iglesia sigue en su táctica de sumirnos en el mal para darnos luego el remedio; de hecho, Hegel le concede a lo largo de los escritos de Berna el papel de avanzada como creadora de necesidades.
Así, por ejemplo, si los hombres se sienten culpables ha de haber Dios que los perdone, si les angustia su contingencia existirá una eternidad con el mismo Dios que la garantice, etc.

Por ello Hegel admirado de la altura en la que Kant ha colocado al hombre, se pregunta también y pregunta a Schelling: “en qué medida, tras haber fortificado la fe moral, necesitamos ahora... de la idea de Dios”.

En último término se resta autonomía al individuo, aunque como en Kant aparezca al final y no al principio del proceso. ¿Por qué no podemos conformarnos, como los antiguos lo hacían, con el Estado por toda trascendencia?
No, por supuesto un estado despótico sino aquel que nos haga hombres libres que vivan de acuerdo a leyes propias, el nuevo Estado como debe ser.

“Ahora cuando las ideas morales pueden llegar a ocupar su sitio entre los hombres... todo el aparato angustiante, el sistema artificial de motivaciones y consuelo en que tanto miles de hombres débiles encontraron alivio, se hace más prescindible”.

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Pese a las deficiencias que hace aún adoptable y adaptable el kantismo por la vieja metafísica, Hegel es un kantiano convencido de que las “Críticas” son la salida del oscurantismo y el alba que saluda la libertad y dignidad recobrada por el hombre.
Pues estamos realmente en el culmen de ese proceso, que puede ser paralelo al vivido en el momento de la cumbre de la Ilustración, en que también el proyecto de la razón práctica va a quedar finalmente frustrado, pero que se mantiene en dialéctica con toda la herencia del pasado.

Algo de eso está pasando ahora también. Y esperemos que no se frustre.
Para tal esfuerzo la ciencia, la filosofía, le ofrecen todas sus armas. En la nueva Arcadia no crece el ominoso árbol del paraíso, sino el de la libertad.
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De repente me llegan noticias de Technotitlan, y la Serpiente emplumada, que es como esa alborada que anuncia la estrella!!!

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Poseen los hombres una cualidad inestimable, la razón, pero por lo visto no la suficiente. Y poseen la bondad natural, había creído Kant, dando a Rousseau las gracias por tal descubrimiento: la dignidad natural de los seres humanos.

Hegel se plantea la superación de la mera moral a través de la eticidad, Moralität-Sittlichkeit, como parte de la conciencia de sí misma, él todo quiere trascenderlo en el reino del Espíritu.

“...El sistema artificial de motivaciones y consuelo en que tanto miles de hombres débiles encontraron alivio, se hace más prescindible": Esto lo escribe en los "Fragmente über Volksreligion und Christentum" pero he de reconocer que yo me estoy basando en un texto que es de Amelia Valcárcel, actual catedrática de ética de la universidad de Oviedo, "Hegel y la ética", editorial Anthropos.

También escribe en su correspondencia: "Religión y política se entendieron entre sí como ladrones de mercado. La primera enseñó lo que quería el despotismo: el desprecio de la especie humana, su incapacidad para cualquier bien, para ser por sí misma cualquier cosa. Gracias a las ideas sobre cómo 'deben ser' las cosas, desaparecerá la indolencia con que las gentes bienpensantes están siempre dispuestas a acoger las cosas tal como son."

-Me parecen cada vez más interesantes estas ideas. Es como si todo se quisiera cambiar una y otra vez, pero el defecto principal no se atiende.

Creo que estamos haciendo historicismo de la "razón", tal vez como Marx y Hegel lo hicieron de la filosofía y de la historia y como ellos hubieran querido seguir haciéndolo, en su comprensión dialéctica de la historia.

La postmodernidad se había convertido en un movimiento casi anti o postilustrado y antihegeliano, y más que eximirnos de Hegel (él mismo se exime de sí ante su repliegue estoico en su absoluto), lo que nos planteaba era cómo no podíamos volver a ese encerramiento en una comunidad. Al menos en Kant sigue despierto el ideal de la universalidad, como ideal de comunicación, y es como lo recoge Habermas, pero no como idea de sistema ni de absolutismo.

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