En Italia donde permaneció seis meses el joven Einstein descubrió los placeres de la holganza, se embriagó de paisajes y paseos, le tomó gusto a la ópera, aprendió a dominar el violín y sólo al final cuando vio que el tiempo apremiaba, comenzó a preparar el exámen de ingreso para la escuela politécnica de Zurich donde había decidido ya cursar la carrera de física.
Einstein:
"Me presenté y por supuesto suspendí. Italia no era el lugar idóneo para el estudio. Y por eso me mudé a Suiza, a la pequeña localidad de Aarau, en cuyos solitarios bosques comencé a esbozar la teoría que me ha hecho mundialmente famoso. Fue también por aquel entonces cuando tomé una de las decisiones más tajantes de mi vida. Renuncié a la nacionalidad alemana y solicité la de Suiza, un país neutral, todo con tal de evitar la incorporación a filas. Liberado del ejército preparé a conciencia el exámen y esta vez entré sin dificultad en la escuela de Zurich, de donde al cabo de cuatro años me liciencié como físico, aunque sin destacar demasiado, a decir verdad, apenas pisaba las aulas, prefería acudir a la tertulia de café con mis compañeros, entre los que recuerdo especialmente a dos, a Mileva Maric, una estudiante serbia de la que me enamoré perdidamente, era huraña, más bien fea y algo coja pero inteligente como nadie. El otro era Marcel Grossman, un muchacho de generosidad ilimitada, gracias a sus apuntes terminé la carrera y gracias a una recomendación de su padre conseguí mi primer empleo."
El destino fue la oficina de Patentes de Berna donde Einstein permaneció hasta bien cumplidos los treinta años.
Su deseo inicial recién licenciado era entrar como profesor en la escuela de Zurich pero su expediente no daba la talla. Hubo de conformarse con aquel oscuro puesto de funcionario que sin embargo tenía sus ventajas, le sobraban las horas para pensar, para elaborar una osada teoría que trastocaba los fundamentos de las leyes físicas y hablaba de una nueva dimensión del espacio y el tiempo.
La otra virtud de aquel trabajo fue la independencia económica, al verse con algo de dinero el joven Albert decidió que había llegado el momento de fundar un hogar.
Ante el dilema de buscar una esposa no lo dudó, eligió a Mileva, su antigua compañera de estudios con quien las cosas salieron mal casi, casi desde el principio.
Einstein:
"Creo que a Mileva la decepcioné el mismo día de la boda, nos casamos por la tarde y para festejarlo cenamos con cuatro amigos en un restaurante, después emprendimos el viaje de novios y no pudo ser más fugaz, una vuelta en tranvía por todas las calles de Berna. Claro que lo peor vino después, al llegar a casa descubrí que había perdido las llaves, así que pasamos la noche a la intemperie sentados a la acera, hablando de física y olvidados del amor. La verdad es que en aquella época no andaba yo para arrumacos. Tenía una sóla obsesión, la dichosa teoría de la relatividad, aunque en su forma restringida, y estaba preparando una serie de artículos para darla a conocer. Eso sin contar el tiempo que me robaba mi tesis doctoral, la titulé: "Una nueva determinación de las dimensiones moleculares", pero fue un trabajo de apenas veintinueve páginas que pasó totalmente inadvertido. El Tribunal lo consideró demasiado breve y sin especial interés."
*estoy escribiendo desde Berna, esta hermosa ciudad de Suiza








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