
La mitología como mecanismo conceptual es lo más cercano al nivel sencillo de las más antiguas conceptualizaciones para el mantenimiento de universos, basta definir la mitología como una concepción de la realidad que plantea la continua penetración del mundo de la experiencia cotidiana por fuerzas sagradas. Esta concepción entraña naturalmente un alto grado de continuidad entre el orden social y el cósmico, y entre todas sus respectivas legitimaciones: toda la realidad aparece como hecha de una misma materia.
El fenómeno históricamente recurrente de tradiciones mitológicas contradictorias puede subsistir paralelamente sin integración teórica, esa incoherencia se siente solo después que las tradiciones se han vuelto problemáticas y que ya ha ocurrido una especie de integración, una vez que se hace sentir la necesidad de integración las construcciones mitológicas pueden adquirir gran artificiosidad teórica, baste con citar el ejemplo de Homero.
Sistemas mitológicos más elaborados se esfuerzan por eliminar incoherencias y mantener el universo mitológico en términos integrados teóricamente, el cosmos aun puede concebirse según las fuerzas o seres sagrados de la antigua mitología pero esas entidades sagradas han sido desplazadas a una distancia mayor en los conceptos teológicos. El pensamiento mitológico funciona dentro de la continuidad que existe entre el mundo humano y el de los dioses, el pensamiento teológico sirve para mediar entre esos mundos, justamente porque su continuidad originaria ahora parece haberse roto. Con la transición de la mitología a la teología, la vida cotidiana parece estar menos penetrada continuamente por las fuerzas sagradas.
El cuerpo de conocimiento teológico aun en aquellos lugares donde no se ha institucionalizado deliberadamente como esotérico, sigue siendo "secreto" en virtud de su ininteligibilidad para el pueblo en general. La coexistencia de una mitología sencilla entre las masas y una teología sosfisticada entre una élite de teorizadores que contribuyan ambas a mantener el mismo universo simbólico es un fenómeno histórico frecuente. Solamente si se tiene este fenómeno en mente es posible llamar por ejemplo "budistas" a las sociedades tradicionales del lejano oriente o llegado el caso llamar "cristiana" a la sociedad medieval.
(A veces puede ocurrir que un universo alternativo tenga un atractivo misional, ciertos individuos o grupos dentro de nuestra propia sociedad tal vez podrían sentir la tentación de "emigrar" del universo tradicional o -peligro aún mayor- de cambiar el universo antiguo según el modelo del nuevo. Resulta fácil imaginar por ejemplo cómo el advenimiento de los griegos patriarcales debe de haber trastornado el universo de las sociedades matriarcales que a la sazón existían a lo largo del mediterráneo oriental. El universo griego debe haberles parecido sumamente agradable a los varones que en esas sociedades se hallaban dominados por sus mujeres y sabemos que la Magna Mater causó gran impresión en los mismos griegos. En la mitología griega abundan las elaboraciones conceptuales que demostraron ser necesarias para resolver este problema.)
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La legitimación mantiene la realidad del universo construido socialmente, la aniquilación niega la realidad de cualquier fenómeno o interpretación de fenómenos que no encaje dentro de ese universo.
Esto puede efectuarse de dos maneras, primero, a los fenómenos de desviación puede atribuírseles un status ontológico negativo, con fines terapéuticos o sin ellos. La aplicación aniquiladora del mecanismo conceptual suele usarse con más frecuencia para los individuos o grupos extraños a la sociedad y, por ende, indeseables para la terapia.
Y segundo, la aniquilación involucra el intento más ambicioso de explicar todas las definiciones desviadas de la realidad según conceptos que pertenecen al universo propio.
Es la transición de la herejía a la apologética en un marco de referencia teológico. Las concepciones desviadas no sólo reciben un status negativo sino que se abordan teóricamente en detalle, la meta final de este procedimiento consiste en incorporar las concepciones desviadas dentro del universo propio y así liquidarlas definitivamente, de esta manera la negación por el negador del universo propio se transforma sutilmente en una afirmación de él.
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