la vida espiritual secreta de los niños
2 mar 09
"La vida espiritual secreta de los niños", es un libro escrito por Tobin Hart.
Tobin Hart dice que este mundo es como un patio de colegio, nadie nos juzga, todos estamos conectados. Así es como él ve el mundo de los niños.
Tobin Hart dice que los niños son como mensajeros de amor y de sabiduría y una de las cosas que estos niños dicen es que hay una gran conexión entre todo el mundo.
Tú sabes que es curioso porque los adultos tendemos a separarnos de los demás, nuestro sentido de la identidad, siempre estamos comparándonos con los demás y realmente parece ser que lo natural y lo que hacen estos niños cuando tienen esas experiencias es sentir un gran sentimiento de conexión con la naturaleza, con las demás personas y transmiten esto a los adultos cuando les preguntan.
Hay dos cosas importantes que dice Tobin Hart, y es que nos recuerda cómo opera la mente del adulto. El lo que quiere intentar es que los adultos recuperen un poco esta conexión con el mundo, con el mundo espiritual o con el misterio de lo que les rodea.
El nos dice: Recordar que tenemos dos formas de pensar. Una que es esta conversación perpetua que tenemos los adultos con nosotros mismos, vamos andando por la calle o estamos en casa haciendo algo y ¿qué hace nuestra mente?, recuerda, retrocesa todos los eventos, recicla el pasado, anticipa el futuro, y es un poco una especie de esta conversación mareante que no para, donde siempre estamos comparando e intentando ver un sentido a las cosas.
Y él dice: tener cuidado con esto, porque realmente algo que los niños hacen mejor que nosotros es una cierta capacidad de estar presentes en el momento sin forzar nada. Que eso también sería un poco las tradiciones contemplativas orientales.
Y esto lo logramos no sólo a través de la meditación, no hace falta -yo siempre lo digo- que para tener una vida espiritual no hace falta creer en nada muy definido, sino simplemente tenemos que lograr romper ciertas rutinas mentales y lo podemos hacer contemplando algo bonito, pasando tiempo en la naturaleza, disfrutando unas vacaciones. Cuando estamos inmersos en lo que los psicólogos positivistas llaman el "fluir" -el flow-, como estar inmerso en un hobby, tocar un instrumento, escuchar música, recuperar esos espacios de nuestra vida diaria que nos permitan realmente ver que hay algo más allá de la pequeñez y la mezquindad de nuestra vida diaria, que a veces nos puede llegar a abrumar.
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Parecernos a la parte más hermosa de los niños, no todas las partes de los niños son buenas. Pero tienen esa parte de pureza.
Una de las cosas que podemos hacer -dice Tobin Hart- es ver la vida como una aventura, como la ven ellos. Arriesgarse y no tener miedo. Los adultos siempre tenemos miedo, cargamos con una mochila de miedo. Y luego también intentar expresar y vivir las emociones con intensidad, no reprimirnos. Esto es otra cosa que también aprendemos a lo largo de la etapa adulta y es verdad que todas estas cosas que podríamos vivir de una forma infantil en ciertas fiestas o celebraciones sin embargo las vivimos de una forma estereotipada y entonces sí que nos influyen mucho y hay que intentar hacer el esfuerzo de vivirlo, como un rito bonito.
El niño hasta los siete años parece que tiene un pie en el otro mundo, no sabemos de donde vienen, parecería que tienen una vida espiritual, rica, nos dice Tobin Hart.
Los adultos vivimos en este mundo muy cerrado. Muchas de las personas creemos en algún tipo de espiritualidad, y cada uno a su manera creemos que hay mil formas de creer algo más pero yo fíjate lo difícil creo que es creer que no hay algo más allá de lo que vemos porque una de las cosas que sabemos ahora es que los humanos tenemos una especial capacidad para ver lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño.
Que estamos atrapados en cuatro dimensiones y que tenemos sentidos muy limitados.
Requiere cierta humildad pero también cierto sentido común pensar que no tenemos realmente las herramientas para saber qué hay más allá. Y ahí es donde muchas corrientes espirituales están encantadas con los descubrimientos de la física cuántica.
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-¿Por qué no prestamos mucha atención a los niños? El hecho de no hacerles demasiado caso es la tónica predominante.
Hay algo que tenemos que reconocer que nos pasa mucho en occidente, aquí venimos de una tradición filosófica de la lógica de Aristóteles, dejamos de comprender, de sentir y de ver el mundo con nada que no sea el intelecto -y yo no es que haga de menos al intelecto, pues el intelecto es una herramienta humana maravillosa-. Lo que pasa es lo que te decía antes, nos fíamos de nuestros sentidos que son tan limitados. Fíjate que incluso nuestras tradiciones religiosas en occidente dejaron de lado a partir del siglo XII y XIII algo tan sencillo como las prácticas contemplativas, que son típicas de oriente, por ejemplo, la meditación.
Y ¿qué es la meditación? Pues es abrirse a percibir las cosas sin intentar comprenderlas de forma lógica sino simplemente sintiéndolas. Es otra forma de conocer el mundo. Bueno pues esto en occidente está muy mal visto. Y esto digamos que los niños no han llegado a la etapa de desarrollo que nosotros consideramos óptima que es el pensamiento abstracto, el desarrollo intelectual.
Y entonces yo creo que lo que hoy en día nos pasa y lo que obligamos a hacer a los niños es a vivir un poco presos de esta falta de costumbre y de respeto por todo lo contemplativo que es comprender el mundo sin comprenderlo racionalmente.
Y luego también pues si has estado en un centro comercial está la sobrestimulación de nuestra cultura, una cultura de la sobreinformación y del estímulo rápido y vivimos ahí un poco presos de eso.
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¿Qué es el ámbito espiritual? ¿Cómo definir? Es esta especie de espacio de misterio y te digo que cada cual tiene que ver ahí lo que quiera, lo que pasa es que lo que sí sabemos es que hay determinados ámbitos en que lo espiritual se manifiesta.
Tobin Hart en el caso de los niños dice que se manifiesta a través de una sabiduría innata, algunos una capacidad para maravillarse por la vida, esto lo hemos visto en muchos niños, esta capacidad por encontrar que todo es maravilloso, que todo es mágico, una capacidad fuera de lo normal para su nivel de madurez, para comunicar amor y para sentir empatía por los demás.
Y luego en algunos pues el poder de ver lo invisible, la capacidad que tienen muchos niños de que tienen conversaciones con niños invisibles, les dan información que luego parece bastante sensata. O tienen sueños premonitorios, ese tipo de cosas es un ámbito más para él.
El dice: no es la única forma en la que los niños expresan su vida espiritual a través de ese misterio, pero digamos que es lo más llamativo para los adultos. Me ha dado información que no hay forma de que la tenga.
El mundo de lo niños puede continuar también a lo largo de la vida adulta, totalmente.
A veces uno tiene la capacidad de hablar con uno mismo. Cuando las cosas van mal, cuando las puertas se cierran, cuando a uno le da la sensación de que está en el más total y absoluto de los abandonos, uno tiene que utilizar esa frase, todavía me tengo a mí mismo o a mí misma.
Bueno, si esto lo tiene cuando es un niño, cuando es adulto o cuando es mayor y cuando las cosas se ponen feas siempre puede echar mano de ellas cuando somos adultos pero de forma siempre discreta porque no está bien visto en esta sociedad hablar bien de ello.
Cuando te sientas a hablar con ellos y eso es una cosa que cuenta Tobin Hart cuesta que la gente se abra en ese sentido. Es como un terreno bueno, como un poco misterioso. Misterioso y casi tabú en esta sociedad. Pues te empiezan a contar cosas realmente impactantes.
Desde luego a mí me ha pasado, el tema de los sueños premonitorios, y no son cosas que cuentas habitualmente, tiene que ser que alguien se siente delante de ti y te diga, pues me ha pasado esto, lo otro, creo que es bastante corriente por lo que cuenta Tobin Hart, que dice que hasta el sesenta por ciento de los adultos tiene esta especie de conexión con otro mundo.
Es bonito pensar que de vez en cuando podemos salir un poco de esta barrera porque estamos realmente encerrados en nuestros sentidos y podemos tocar algo más, imaginarlo, percibirlo, sentirlo, aunque sea por fracciones de segundo.
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Tobin Hart es psicólogo de la Universidad de Georgia, y nos cuenta alguna anécdota compartida.
Una muy sencilla, de una niña que se llama Peggie y que cuenta que a los seis años tuvo un accidente tremendo y se quemó casi todo el cuerpo y estuvo a punto de morir y pasó muchos años con enormes dolores y una serie de operaciones y nadie entendía muy bien por qué Peggie de alguna forma era capaz de superar aquello con tan buen humor.
Que era algo que realmente maravillaba a la gente, incluso lograba transmitir serenidad a los demás.
Y Peggie cuando ya fue adulta contó que realmente ella lo que hacía era que en las horas y horas que pasaba en los hospitales entre las operaciones se refugiaba en un mundo mágico que para ella era totalmente real.
Y ella dice que subía a un lugar que estaba lleno de niños que le hablaban y que le decían: mira este mundo es como un patio de colegio, nadie nos juzga, todos estamos conectados, ésta es una de las cosas que sobresale de las que narra Tobin Hart.
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*Este artículo está citado de Elsa Punset a través de su lectura del libro de Tobin Hart. Este post quiero dedicárselo a Danny-angel de amor, con el permiso de su mamita.
