las pasiones hay que transformarlas en otra cosa
24 mar 09
Ahora escucho la advertencia de la vieja puta sin dientes: “Sabes decir al hombre cosas muy lisonjeras, a cambio voy a darte una verdad pequeña: si vas con ellos, no te olvides de ser desdeñosa y orgullosa...”
Ahora lo tengo muy presente. Dejé caer sin fuerzas la cabeza sobre los papeles. “Ay, tonta, tonta, tonta”, me reproché serlo.
~
El hombre ama dos cosas: el peligro y el juego. Si ama a la mujer es porque en ella están juntas las dos.
Y también el reposo del guerrero. El se rinde ante ella nada más, se vuelve niño ante ella después de la batalla, juega con ella.
~
Con tanto pensar desde hace tiempo, ¿cómo no has comprendido que el amor lo sentías sola tú, aislada e incomunicada en ti misma? Has amado subjetivamente, interiormente...
Por muchos gestos de amor que hayas hecho... Nunca fuiste correspondida, nunca: atrévete a escribirlo. Te has inventado todo: tenías ramos de flores en tus manos y los depositaste en los primeros brazos que se alargaron para recibirlos. Te rebosaba el sentimiento, y creaste una figura, la primera que se te puso a tiro, para que soportara el peso de tus sueños... Y la reviviste a tu manera, como te habría gustado a ti ser revestida... Fue demasiado peso: lo abrumaste; se ha transformado solo en una sombra.
~
Todo está en el corazón, ya lo creo... Yo he parido al amado y lo sacralicé. Yo he convertido mi amor en una categoría trascendente. Me debilitó la voluptuosidad que nunca había gozado. Y él el hombre se enorgulleció de tener tanto poder sobre la poderosa: el poder de satisfacerla cada vez que ella lo deseaba. La poderosa ciega, qué ironía. Tan ciega que creyó haber hallado un ser supremo al que entregarse, someterse y reverenciar...
Demasiadas albardas para un burro tan chico: salió huyendo. Demasiada peana para un ídolo de barro: se cayó y se hizo un millón de pedazos. Yo creí que hacía el amor y lo que estaba era deshaciéndolo a tirones.
~
Si me he perdido entre zonas oscuras es porque todo en el amor es zona oscura. Y además no da tiempo a encender una luz por pequeña que sea, ni una cerilla: no da tiempo. Ni para reflexionar, ni para ser tenaz hasta convertirse dos en uno...
No hay amor absoluto: es todo relativo, pasajero, puntiagudo y doliente. No existe el amor único: todos son pequeños amores sucesivos. Todos son escaramuzas temporales. No hay ninguna que pueda detener el vuelo apresurado del tiempo: tienes que conformarte -¡y lo sabías!- con la concentración para evocarlo, pero estando ya a solas. Sin el amado ya, perdido en el recuerdo...
Bebe, bebe, por lo menos, bebe.
~
De una cosa sí estoy covencida: quien convierte el pasado en un presente inmóvil es porque ya se ha muerto hasta para sí misma.
No eches la culpa al tiempo: no es él el que condena, irremisible, al amor a morir: somos nosotros, soy yo quien lo ha empujado sin querer; he sido yo, ignorante y pretenciosa, quien creó la finitud de este amor...
Es el amante siempre: quien amaba es quien deja de amar. Si emprendes un camino, cuando miras atrás te haces de piedra. Y mirar hacia delante ya es inútil: no está el amor. Sólo queda el amante que amó y su añoranza. El pasado no se reencarna jamás. Ningún amor futuro lo llena de la misma emoción: ya lo sabías. El tiempo es un verdugo que nos hace a su imagen y semejanza, es decir, pasajeros también. Nos renovamos, cambiamos, transcurrimos.
~
Hay uno de los dos que se dice a sí mismo: “¿Lo amaba?” Y se responde: “Sí, lo amaba, pero no soy el mismo que lo amaba; soy ya otro diferente que no lo ama; dejé de amarlo cuando me convertí en otro” (Proust)
¿Y todo esto ha sucedido de la noche a la mañana? Yo no he cambiado, habrá cambiado él. Pero ¿por qué? ¿Qué he hecho, qué he mirado, qué he dicho, qué sucedió en mi ausencia? ¿El tiempo? Pero en tan poco tiempo... En un momento se ha hundido el mundo y yo con él: las tragedias siempre son tajantes.
~
(¿Y todo esto ha sucedido de la noche a la mañana? ¿El tiempo? Pero en tan poco tiempo... En un momento se ha hundido el mundo y yo con él...
...las pasiones hay que transformarlas en otra cosa.)
~
Dejó aquí una selección de textos sobre el amor, hecha por mí de la última novela de Antonio Gala, Los Papeles de agua.
