Estoy escuchando a Ludwig van Beethoven, el Concierto para Violín Op. 61, es un diálogo inmortal con el tiempo, como si se alcanzara o se dejase llevar, es la aceptación de la pretensión de verdad donde solo existe la inmediatez del discurso no de la experiencia, donde solo hay buenas razones, aunque estas tambien se apoyen en la experiencia.

 

Antes escuché el concierto nº 2 de Chopin, op. 21, esta música es como si todavía me hablase, con la voz del piano, como si todavía escuchase una voz amiga o la necesitase escuchar.

 

El caso de la verdad como “buenas razones”, es el caso también de la teoría de la verdad como consenso o discurso.

Hay tres referencias al mundo: mundo objetivo, mundo subjetivo interno y mundo social; con sus referencias al lenguaje: representación, expresión y apelación. En un mundo donde se busca una verdad intersubjetivamente válida, el lenguaje debe mediar en su formación, como presupuesto ético.

 

He visto la película “Happy, un cuento sobre la felicidad". Una profesora de 30 años que no termina de tomarse la vida en serio, me recuerda cuando yo tenía esa edad.

 A continuación leo la carta de Nietzsche a Cósima Wagner: “Se me cuenta que un cierto bufón divino de estos días ha terminado los Ditirambos a Dionisos. A la princesa Ariadna, mi amada.”

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