A esto que voy a exponer podemos llamarlo crítica de la razón postmetafísica, crítica de la crítica total de la razón, crítica del deconstruccionismo y del semioticismo.
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Me dice Lord Daven:
Hablar de postulados trascendentales en ciencia tiene sentido pero aun estos han sido revisados por evidencias empíricas como el principio de determinación de Newton o el de localidad de Einstein. Cualquier teoría científica tiene su prueba de ácido perenne en la naturaleza. ¿qué decir de los postulados trascendentales de la metafísica? ¿cuál pudiera ser su prueba de ácido?
Le respondo: La prueba de ácido está aquí: en las precondiciones de la preestructura del discurso dirigido hacia el entendimiento sobre algo: las precondiciones reflexivo-trascendentales del discurso racional del argumentar. (El principio de verdad de las proposiciones incluyendo el falibilismo, el principio de veracidad de la intención, el principio de inteligibilidad o de sentido, el principio de corrección y de rectitud ética acerca del discurso).
Sigo diciendo: Sí, tendremos que cortar con la navaja de Occam pues no se trata de las precondiciones de todo intento humano de comprender, sino tan sólo de las condiciones trascendentales de posibilidad del comprender válido o no válido; que son condiciones de posibilidad de la validez intersubjetiva de la comprensión o en general del conocimiento.
Una crítica coherente de la metafísica en la modernidad deberá evitar la crítica "total" de la razón, sólo le estará permitido criticar lo que la metafísica tradicional tenía de dogmática y de acrítica porque se enunciaba sin reflexionar suficientemente sobre las condiciones de posibilidad de la propia validez.
Aquí topamos con un déficit de reflexión en Wittgenstein, ligado a su predilección útil en muchos aspectos por la mera descripción de ejemplos. Ciertamente mediante el análisis de ejemplos se puede oponer un eficaz correctivo a los prejuicios apriorísticos y las generalizaciones precipitadas de la filosofía sistemática.
De este modo nos es posible hacer inteligible la pretensión específica de validez de toda proposición filosófica, también de las proposiciones en que se sustenta la crítica del lenguaje o del sentido.
Pero me dice Lord Daven:
Y en estas convulsiones agónicas golpea sin visión y precipita su muerte con un aluvión de palabras afectadas. El lenguage es su propio veneno. La pregunta clave es ¿qué cuestión hay detrás de cada neologismo? Y ¿por qué no utilizar el principio de Ockham para terminar con la hemorragia de conceptos inaprensibles?
Hay que volver a leer el TLP (Tractatus Lógico-Filosófico) como lo que realmente es: una lavadora de los excesos de la metafísica.
Yo le respondo:
De esta idea puede deducirse el motivo de una crítica radical de la ciencia y de la filosofía, a saber: la sospecha de que ha sido precisamente la forma de pensamiento de la metafísica occidental -la forma de pensamiento del ocultamiento del ser en la forma de ideas (Heidegger) o conceptos referidos al logos- la que ha hecho posible el problemático saber de dominio de la ciencia moderna o, dicho de otro modo, la técnica.
Se trataría ahora de mostrar que la reflexión sobre las presuposiciones de la forma reflexiva filosófica de los discursos encaminados al entendimiento (la conciencia metafísica), lejos de ser "improductiva", pone en libertad justamente aquellas normas intersubjetivamente válidas de la razón práctica y de la reconstrucción hermenéutico-crítica de la historia; y la reflexión “hermenéutica” sobre el acontecer del sentido y de la verdad del comprender históricamente situado tampoco está en condiciones de descubrir ; ni tampoco se puede comparar al ideal de objetividad de la ciencia natural basado en la suposición de un objeto de conocimiento homogéneo ya acabado y que sólo hay que investigar progresivamente.
Por tanto vuelvo a lo mismo, a la conciencia autorreflexiva y metafísica; la ciencia occidental no puede pensarse con independencia de la metafísica en Occidente, ni en sus hipótesis sustanciales globales de explicación del mundo, ni en sus presuposiciones lógico-trascendentales (no empíricas).
No veo la conexión -dice Lord Daven- desde el momento en que la conciencia metafísica es una expresión oscura de la cual todo puede inferirse.
La ciencia misma fue perseguida y el pensamiento científico, a día de hoy, es menospreciado. Son los que juegan a ser soberanos quienes utilizan ciencia, religión y, sobre todo, el miedo para realizar su única misión: mantener su posición -sigue con su reflexión-.
Y añado que no es el discurso científico inválido en absoluto, ni posee ninguna perversión sistemática, sino la manipulación de este por motivos políticos.
Has de ser justa en los términos: siempre el poder embrutece a los oprimidos reduciendo artificialmente su capacidad de rebelarse. Por eso ¡siempre estaré irritado! -dice Lord daven-.
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Pero en general la ciencia embrutece también a los espíritus reduciendo su conciencia metafísica, en particular porque la técnica misma se ha convertido en una forma de poder y manipulación muy eficaz. Si no ¿por qué estás irritado en este momento?
(In general, the science brutalize the spirits reducing his metaphysical conscience. Why are you irritated this time?)
Es confuso pensar en el dominio de la ciencia sin tener claro que es lo dominado y con qué fin. El esquema crítico siempre comienza con una sospecha y termina dilucidando quienes y con qué objetivo - me sigue respondiendo Lord daven.
En cuanto a por qué todo quisiera ser ciencia incluyendo la economía ya expuse que tales saberes tienen referentes chamánicos e imitativos, quisieran imitar la ciencia por la aplicación de sus resultados en el plano del poder. Por eso hay hijos bastardos de la antropología y la voluntad de poder como "la ciencia del marketing".
El fin de la metafísica y sus coletazos agónicos como Heidegger acarrean estas convulsiones, buscando al Ulises que ha herido su ojo único. ¡La ciencia me mata! ¡La ciencia me ha herido! Ulises ha sido muy ingenioso otra vez, su verdadero nombre es la filosofía del lenguage.
Extasis tras éxtasis, arrastrado por una irresistible magia en sus compases. La música de Beethoven no es filosofía porque es irrefutable -termina concluyendo su disertación científica y filosófica con otra de carácter musical e intuitivo-.
Bueno, aquí es donde está el argumento definitivo contra el sordo genial, bueno más que contra, mejor sería decir, a pesar de él (“malgré lui”) -le contesto.
Es como si se alcanzase la aceptación de la pretensión de verdad donde sólo existe la inmediatez del discurso no de la experiencia, donde sólo hay “buenas razones”, aunque estas tambien se apoyen en la experiencia.
El caso de la verdad como “buenas razones”, es el caso también de la teoría de la verdad como consenso o discurso.
Y en un mundo donde se busca una verdad intersubjetivamente válida, el lenguaje debe mediar en su formación, como su presupuesto ético. Es una norma por tanto categorial, es un presupuesto mismo a la propia verdad empírica y científica.
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La relevancia también de la filosofía del “comprender” de la hermenéutica y del principio de autoalcance de la reconstrucción de la historia se pone sobre todo de manifiesto cuando lo confrontamos con los intentos característicos de toda la modernidad (e irónicamente característicos también de la crítica total a la razón en el postmodernismo) de ofrecer una explicación reduccionista naturalista de la historia del espíritu a partir de motivos causales externos.
Al confrontarla, por ejemplo, con el intento de Nietzsche de cuestionar genealógicamente todas las pretensiones de validez de la razón humana (verdad, rectitud moral y finalmente también la veracidad que durante tanto tiempo reivindicó para sí -la “sinceridad” de Nietzsche-)., Frente a estos intentos (condenados a la contradicción performativa) de sustituir comprensión por explicación, el principio de autoalcance (histórico-relativo) de la reconstrucción no exige renunciar a explicaciones externas pero sí subordinarlas y postergarlas a la “comprensión” en el sentido de una reconstrucción racional valorativa.
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