the beauty of nature
10 abr 09Qué extraños son los entresijos de la memoria. Yo quería saber, sí, tal vez me empeñé, en preguntarme si acaso él pudiera cambiar con un poco de amor. Como si se lo impidiera alguien, tal vez un pueblo o una legión que estuviese en guerra permanente.
Y mientras me respondía a estas preguntas inicié también mi propio viaje iniciático por aquella geografía de un continente tan poblado.
Y empecé a soñar una parábola, como si fuese la historia de un pueblo embrujado sobre el que hubiera caído una maldición.
Y yo estaba empecinada en encontrar la verdad, en hundirme de repente en las profundidades, en escabullirme en un lugar imperceptible como las sombras de las algas. Como si el bosque fuese un lugar peligroso, o las montañas o cada arbusto de un monte fuese un sitio intrigante.
Desde las profundidades de los sueños como si anhelase con todas mis fuerzas huir lejos y se detuviera aquí un momento para aliviar a su paso.
Yo no te he dejado nunca, al contrario. Y hoy que lloraba temprano esta mañana por ti era muy feliz de saberte que podía ahora hablar contigo, que podía tenerte más cerca de mí.
Este afecto se corresponde con mis sueños más grandes de la niñez cuando yo pensaba que escribía cartas y que las leía a aquella persona que yo amaba. Ese era un sueño en mí muy repetido.
Este diario es también ahora un epistolario astrológico para ti, para llenar ese vacío y cubrir tu ser con amor. Cada roca puede esconder detrás algo que no es una roca, el exterior está lleno de peligros y la oscuridad parece que nos odia. Y parece que deambulo sola por la espesura, pero ahora sé que me siento envuelta por tu eco de voz y por otras resonancias de músicas que me brindas. Y al soñar contigo puedo deslizarme, correr, fluir, porque no me pones límites, ni me encierras en una burbuja, porque me haces sentirme bien, ser amada y querida. Porque detrás de la roca puede haber otra cosa que nos enseñe a unir nuestros caminos. Porque no sé separarme de ti, aunque lo he intentado muchas veces. Y hay una especie de necesidad de negarlo todo, de negar hasta el propio silencio. Ni el bien, ni el mal, ni una palabra, porque prefieren olvidar la vergüenza, el miedo, el desconcierto.
No te vayas, no te vayas. Hemos evitado tantas veces mirarnos a los ojos. Pero ya no, porque la oscuridad está llena de cosas con las que es mejor no toparse. Ya no, porque no, porque me has dicho que estás ahí, que te puedo llamar.
~
Aunque es cierto que también me has dicho que no crees nada en horóscopos... Y yo te he respondido que yo no te he pedido que creas. Sólo que hay un inmenso miedo al caer la noche, una oscuridad y un silencio, y que yo me dedico a pensar en los astros, como tú puedes pensar en los elementos físicos de la naturaleza y en su belleza.
Un beso.
~
"Y, sin embargo, se mueve"
El 22 de junio del año 1633 Galileo, ya anciano, tuvo que arrodillarse ante el tribunal de la Santa Inquisición y retractarse de sus escritos. Le obligaron a confesar que estaba equivocado. Galileo era un astrólogo, un científico y un sabio, pero no tenía vocación de mártir. Sabía que era la única manera de salvar su vida ante la retorcida y despiadada intolerancia de la Iglesia. Desde entonces, vivió bajo arresto domiciliar en las afueras de Florencia hasta su muerte, acaecida el 8 de enero del año 1642. Durante este tiempo de atormentada reclusión, uno de los pocos consuelos lo halló en la correspondencia con Sor María Celeste, su hija.
Un fragmento de la miserable denuncia que hizo Silvestre Pagnoni (que había sido ayudante de Galileo durante unos dieciocho meses) ante la inquisición, reza así: "...por mandato de mi confesor, he venido a confesar ante el Santo Oficio al señor Galileo Galilei... porque le he visto hacer horóscopos en su habitación para distintas personas..." Y más adelante, continúa: "...nunca se confiesa ni comulga"
El Papa que condenó a Galileo fue Urbano VIII, precisamente un personaje que logró ser elegido Papa presentando un falso horóscopo que le auguraba el papado, abusando así de la confianza en la Astrología que por aquel entonces tenía el Sacro Colegio. Después se convirtió en acérrimo enemigo de la Astrología.
Rumores llegados de Holanda decían que un tubo con lentes permitían ver cosas lejanas como si estuvieran más cerca. Galileo se puso manos a la obra y en seis meses construyó el primer telescopio, que el usaría fundamentalmente para la observación celeste. Meses después, el 7 de enero del año 1610, hizo un descubrimiento fundamental: las cuatro lunas de Júpiter, que daban vueltas alrededor de este planeta. Con ello se demostraba finalmente que no todos los cuerpos celestes giraban en torno a la Tierra. También descubrió que Venus tenía fases, similares a las de la Luna.
Al año siguiente Galileo llevó su telescopio a Roma, pero muchos miembros de la corte papal se negaron a mirar por el instrumento porque decían que era magia del diablo y, por tanto, lo que se viera a través del mismo no era verdad. Galileo tomó cada vez más partido por la revolución copernicana, pero el Papa Pío V le ordenó que abandonara el heliocentrismo. Durante quince años Galileo guardó silencio al respecto, pero en el año 1632 publicó su Diálogo sobre las mareas ( o Diálogo sobre los dos sistemas principales del mundo, ptolemaico y copernicano), donde describe, entre otros conceptos, como la Tierra da vueltas alrededor del Sol. Al año siguiente, la Iglesia se le echó encima, como hemos descrito al principio.

