El trastorno bipolar es una enfermedad mental que cada vez está causando más estragos en nuestras modernas sociedades, aunque hay una especie de tabú con respecto a ella y no se reconoce. Se sabe que pintores como Van Gogh o como Gauguin la tuvieron, Virginia Woolf también la padeció, y hay hoy día artistas que la han reconocido, por ejemplo en el ámbito de la música y de las tendencias actuales; lo que pasa es que lo han reconocido cuando se han visto ya capaces de superarla como enfermedad, porque parece ser que tiene un tratamiento y que se puede curar afortunadamente; pues aquí no estamos hablando de la esquizofrenia en su grado mayor o de la psicopatía social o del psicótico compulsivo. Tiene una especificidad que es en que la conducta se altera y se trastorna y se cambia en dos, unas veces en euforia y otras en depresión y angustia.
No puedo decir hasta qué punto todos podemos sentirnos alterados en este aspecto de nuestra conducta pero sí que creo que de aquí en adelante debemos controlar mejor nuestras vidas, porque es muy común que de un día a otro pasemos de la euforia a la tristeza y sin motivos básicamente explicables, sólo porque dentro de nosotros se apodera una especie de ansiedad o de actuación compulsiva.
Es la necesidad tal vez de rebeldía que tenemos contra este mundo, o nuestra forma sin dar explicaciones de decir que ya no vamos a repetir la rutina de todos los días, no lo sé. Pero es evidente que muchas de estas cosas deben influir en nuestra psicosis, que está ahí y que nos impide ser libres.
Y cada vez vivimos más lejos de la naturaleza y de la armonía con una forma de vida más tranquila y sin excitación, sobre todo cuando ésta se convierte en una excitación falsa, en la necesidad estúpida de mostrarnos siempre excitados y fascinados.
Hoy día se nos compele constantemente a cumplir horarios, a la acción rápida, de manera que si no hacemos algo nos encontramos decaídos o faltos de ideas, pues en verdad buscamos la compulsión de la acción para no tenernos que plantear nada más profundo durante el día, para no tener que pensar.
Es un problema que tiene que ver también con el equilibrio de la persona. Entre lo que hacemos y lo que pensamos, lo que nos sirve para resolver nuestros problemas materiales y lo que nos sirve para crear un sentido creativo, relacionado con la belleza exterior e interior, lo que implica también una forma de recrearnos, de plantearnos cómo queremos hablar, expresarnos y qué movimientos gesticularemos, para ser más íntegros, y transformarnos en seres no sólo como autómatas sino con sentimientos y emociones racionales o equilibradas.
Para que estas emociones estén equilibradas en nuestro cuerpo y nuestra mente se debe dar la unidad con el entorno natural que nos rodea, para alcanzar nuestra paz. Y por tanto ya no se trata de caer en un estado de desasosiego o bien de excesiva alegría, de festividad, sino de mantenernos en actitud serena y normal en la mayoría de los casos.
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Es también la sensación de vacío por ejemplo que sobreviene cuando has terminado un trabajo muy complicado y que estaba lleno de implicaciones filosóficas, jurídicas y éticas, donde te habías implicado hasta la médula, eso me ha pasado muchas veces a mí. Pero después sobreviene un vacío tal vez porque no he conseguido la meta que yo quería al abordar la dificultad, y entonces lo único que me queda hacer es cambiar este tipo de trabajo por otro más cotidiano.
O es lo que me pasa a veces con algún amigo, le digo cosas para atraerlo y otras para alejarlo, y no me aclaro. O sí, el que no lo tiene claro es él, más bien. Pero eso mismo me confunde a mí también.
O es como hablarte de los astros, no sé si puedo hablarte o no.
Ya no te hablo más de los astros pero te recuerdo que las antiguas civilizaciones se comunicaban también con los planetas y las estrellas más que nosotros y no estaban locos y el hombre de las cavernas conocía las constelaciones también y se guíaba por ellas y no vivía de espaldas al cielo que es como vivimos nosotros ahora, no tenemos cielo, es como si nos hubieran quitado un espacio para respirar.
Sólo te pido que por lo menos estemos en paz, me darías una alegría y no te pido más.
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Os dejo ahora con una frase de Jose Luis Sampedro:
“El mundo actual es la nave de los Locos.
El sistema rechina porque pretende armonizar sectores incompatibles.
Ahora la iglesia estorba queriendo imponer su mitología a todos, pero la sociedad ya no la sigue como antes, hoy mandan las grandes empresas globalizadoras, imponiendo una ideología económica del siglo XVIII. Cada sector es de su tiempo, tienen distintos fines y hablan lenguajes diferentes, como en la imposible Torre de Babel.
Y dejándolas a todas atrás el progreso técnico derrama una constante catarata de innovaciones que nos colman de medios sin saber para qué van a usarse, porque no tenemos claros los fines, con el resultado de que vamos a la deriva. El sistema se ha vuelto ingobernable, pero la gente se aferra a él porque teme el cambio. Ya no tiene gusto por la aventura.
Mi tierra natal, la de mis raíces, por esas raíces recibo mi savia y con ellas intuyo y siento”.
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