Escuchando en lo profundo del silencio un tema de Anathema - Judgement
Judgement
Escuchando un tema de Anathema “Judgement”,
The inequity of fate The pains of love and hate The heart-sick memories That brought you to your knees
And the times when we were young When life seemed so long Day after day You burned it all away
All the hate that feeds your needs All the sickness you conceive All the horror you create Will bring you to your knees
Juicio
La injusticia del destino, los dolores del amor y el odio, las memorias enfermas del corazón. Que te trajeron a tus rodillas
Y las veces cuando nosotros éramos jóvenes, Cuando la vida parecía tan larga Día tras día, Tú lo quemaste todo afuera.
Todo el odio que alimenta tus necesidades. Toda la enfermedad que tú concebiste. Todo el horror que tú creaste te traerán a tus rodillas.
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El juicio.
Todos somos criaturas que estamos sometidas al flujo del tiempo, e intentamos confrontar situaciones que a veces no dominamos u otras veces imponer nuestro criterio moral, cuando no somos arrasados por el torrente del mal, ese mal que no podemos suprimir, mal que es el permanente combate en el que estamos todos y cada uno de nosotros.
Cada uno de nosotros arrastra la culpa de no haber podido, sabido o querido confrontar adecuadamente ese mal.
Y es la “conciencia” de esa culpa la que nos permite corregir. Estamos aquí en el problema de la conciencia que es individual, por eso la culpa depende de la conciencia individual.
“Paga la culpa unas a otras y la reparación de la injusticia, según el ordenamiento de tiempo”, dice Anaximandro.
Si buscamos realmente las causas de la culpa nunca podremos encontrar un mal que no esté en la naturaleza común de todo.
Cuando Isaiah Berlin habla del fuste torcido de la humanidad y de que el mal radical está en el hombre, no puedo dejarme de dar cuenta de la dimensión colectiva que tiene el mal. No sólo Dostoievski se dio cuenta al decir: si Dios ha muerto todo está permitido, sino que es el campo de estudio de la última obra de Freud y de otros psicólogos, como Kolakowski. La conciencia de culpa podría definirse como algo que no me afecta sólo a mí, en cuanto a infractor, sino al universo entero, al que amenaza con sumirlo en el caos y la incertidumbre.
Es por este motivo que se introyecta la culpa en el sujeto, porque existe una amenaza del caos total, es muy importante entender esto para entender la psicología humana.
Freud puede así caracterizar la culpa como la “ansiedad que sigue a la transgresión no de una ley sino de un tabú”.
La presencia del tabú es a la vez el pilar inamovible de cualquier sistema moral, en cuanto diferente de un sistema penal, que aspire a ser viable y un componente integral de la vida religiosa.
Se trata de una amenaza total que tiene que ver no con el mundo de la moralidad o de la legalidad simplemente sino con el mundo de los tabúes y del reino de lo sagrado, tal como dice Freud. Esto es lo que sume al hombre, en el caos total, como está pasando ahora. En que sólo nos va a quedar la fe. Y a los ateos su dignidad.
Sin esta adhesión vivida a un orden de tabúes, los lazos humanos entre sus miembros se disolverían, nos viene a decir Freud, y no bastaría la pura “coerción legal”.
Pero decir que se puede hacer de la culpa instrumento de lucha ético y que se puede erigir en nosotros como una lucha contra aquello de lo cual la culpa nos da testimonio, es lo más honroso que finalmente se puede decir.
Porque ni el orden de la moralidad ni nada tendría efecto, como se ve hoy día que está pasando en que se han disuelto todos los valores morales, sino lo único que Freud infiere que tendría efecto sería el orden de los tabúes que él ubica en el reino de lo “sagrado”. Efectivamente Dostoievski no iba desencaminado tampoco al volver a la conciencia de Dios y al decirnos que si Dios ha muerto todo está permitido. Esto es lo que realmente tiene fuerza para el hombre. Incluso para el que ha perdido la fe, aunque sea una tremenda y contradictoria paradoja. Esta conciencia de culpa está también clara así en Nietzsche cuando habla de una moral de esclavos.
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Y cuando hablamos de Dios o de lo sagrado lo que lo envuelve es una conciencia total, esto es lo que está en juego aquí, algo más allá que nuestro simple o caótico universo particular, sino un caos que tiene que ver con el universo, con el mundo, con la forma global de manejarnos, de movernos y de tolerarnos.
Me ha llegado una respuesta a mi blog.
lo dijo Ruguel El karma es caótico de por sí.
Formo parte de un universo caótico, del que yo mismo he creado inconcientemente.
Un beso.
lo dijo ishtar A veces somos caóticos en el mismo momento que queremos poner un pequeño orden en nosotros o establecemos un compromiso con otra persona, a veces todo es como una reacción a la contrarreacción. Y es muy difícil hoy día establecer un orden. Quizá por eso por lo ordenado que ya hay y que queremos otra vez ordenar.
Y otras veces queremos que se nos valore pero no damos con la tecla de nuestro valor hasta que no nos sentimos completamente abandonados y solos, otra ironía.
Y otras veces queremos proteger a otra persona y esta persona nos rechaza sin entenderlo, o queremos ajustarnos al tiempo de ella o hacer un esfuerzo por estar conjuntamente y ella no se da cuenta o no lo quiere. Era antes cuando todo esta desincronizado y todo funcionaba como espontáneamente cuando tenía más orden al parecer. Pero es así, ahí vamos poniendo en ese concepto de orden y caos muchas de nuestras culpas, muchas de nuestras cargas kármicas que no nos dejan avanzar.
Se trataría de un extraordinario esfuerzo y no hay que dejarlo todo a la inconsciencia, hay que poner un sentido consciente del esfuerzo, y ahí es donde entra la ética del individuo.
Gracias Ruguel, por pasar, he visto que tenías también un post publicado sobre el caos de la vida o del tiempo, ha venido bien concidir.
Muchos saludos!!
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