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La Coctelera

La asombrosa capacidad que tienen los monjes budistas de regular y filtrar sus emociones negativas

5 may 09

Las emociones positivas es que para sentirlas hay que recrearse en ellas de manera deliberada. Así como las emociones y las experiencias negativas se graban a sangre y fuego en nuestro inconsciente.
 

No solemos prestar demasiada atención al procesamiento de las emociones positivas porque señalan simplemente que para nosotros “todo va bien”. Pero disfrutar de manera consciente de las emociones positivas requiere tomar tiempo y poner la atención necesaria para vivirlas.
 

Así como ser desdichado es un reflejo evolutivo innato -la tendencia natural de las personas es a ser infeliz- la felicidad requiere un esfuerzo consciente y continuado.
 

La parte positiva de esta paradoja es que podemos aprender conscientemente a ser más felices.
 

Las emociones inconscientes sólo están para avisarnos y protegernos de forma automática de los eventos potencialmente peligrosos. Pero no para hacernos felices, aunque sí tiene que ver también con nuestra supervivencia.
 

La felicidad es un concepto complejo porque incluye todo tipo de emociones, algunas de las cuales
 

No todas las emociones que incluye la felicidad son necesariamente agradables o fáciles, como el compromiso, la lucha, el reto o incluso el dolor. Porque en la búsqueda probablemente de la felicidad se encuentra la misma más que en el logro o en la satisfacción de los deseos.
 

Cuando hablamos de la felicidad hablamos también de la alegría, la exuberancia, el homor y la risa, el optimismo... incluso la curiosidad, que fomenta la supervivencia en un ambiente extraño, todas ellas forman parte de las emociones positivas.
 

La asombrosa capacidad que tienen los monjes budistas ha sido estudiada por investigadores de la universidad de Wisconsin para regular sus emociones y filtrar las emociones negativas -odio, envidia, ira...- hasta hacerlas casi desaparecer, concentrándose en las emociones positivas. Esto es posible gracias a la gran plasticidad del cerebro, que con el entrenamiento adecuado puede lograr controlar las emociones más conflictivas. La posibilidad de domar nuestro lado oscuro no sólo favorecería las relaciones interpersonales y potenciaría nuestra capacidad para ser felices sino que además podría ser una de las respuestas más eficaces y directas ante la incidencia creciente de enfermedades tan debilitantes como la depresión. La felicidad si nos entrenamos para ello, se convertiría así en una meta alcanzable.
 

Por eso los mayores registros de felicidad para estos investigadores fueron alcanzados y detectados en monjes budistas que practican la meditación a diario, se trata evidentemente de personas que han renunciado a todo aquello que casi todos perseguimos incansablemente en nombre de la felicidad: dinero, posesiones materiales o una pareja envidiable.
 

Lo que también importa en este caso es darse cuenta de que todas estas emociones, positivas y negativas, están muy mezcladas en nuestro cerebro.
 

Si aplicamos un estímulo caliente a un dedo y dejamos que este estímulo sea cada vez más caliente, empieza siendo agradable, se torna desagradable y finalmente doloroso.
 

Las emociones positivas y las emociones negativas son las dos caras de una misma moneda. Se solapan en el cerebro. Las emociones positivas, en principio, son las que nos permiten sentirnos felices. Pero las emociones generan fácilmente otras emociones y se transforman de positivas a negativas, y viceversa, con relativa facilidad. Las emociones se alimentan a sí mismas y siguen vivas, aunque sea transformadas en emociones del signo opuesto: el amor puede generar compasión, ternura y alegría: o también desconfianza, celos e incluso odio. Lo más opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia. La indiferencia es ausencia de emoción.
 

La indiferencia al sufrimiento es lo que convierte al humano en inhumano, la indiferencia, después de todo, es más peligrosa que la ira o el odio.
 

El quid de la cuestión radica en reconocer que no existen los estados emocionales neutros.

Desde el punto de vista fisiológico y neurológico ninguna emoción es neutra. Las emociones nos afectan positiva o negativamente y con ellas conformamos el ambiente que respiramos.
 

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Para lograr un vida rica en emociones positivas es necesario el fomento consciente de estas emociones. Lo que se atrae a la conciencia puede curarse o desprogramarse. Lo que se queda en el inconsciente nos ata sin remedio.
 

Serás libre, no cuando tus días no tengan preocupaciones ni tus noches penas o necesidades, sino cuando todo aquello aprisione tu vida y sin embargo tú logres sobrevolar, desnudo y sin ataduras”. Jalil Gibrán

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5 comentarios

5 comentarios

  1. 5 may 2009 | 11:33 AM # bluesea dice:

    Muy interesante y acertado. Como budista, alcanzar ese control es una de mis metas personales.

    Gracias por el texto.

  2. 6 may 2009 | 07:43 AM # lupita mosso dice:

    Hishtar, un tema bien interesante, es verdad las emociones tienen una reacción, y no siempre es la positiva...es un aprendizaje, el inconciente es como el mar, ahi habitan todas nuestras pasiones, ira, avaricia, lujuria, que se yo envidia celos, todo en grado superlativo...solo si tenemos las armas para saber cuando esto sale...y con una consciencia despierta, atrapamos esa mal querencia, y en el caso del cristiano por amor a Jesús, tomar su actitud, y pedir su ayuda...pero para esto tienes que haberte conocido intimamente y saber cuando explotaras, o cuando frenaras, tú actitud, acción o boca para ofender, el detonador que te hace reaccionar asi...la oración te lleva a la meditación, y para orar se debe primero preparar el cuerpo y la mente con ejercicios de repiracion, y de abandono en el barullo no esta la trascendencia Dios...aunque sea unos 20 0 30 minutos diarios, pero el occidental no tiene la costumbre de hacer esto, el oriental desde pequeño se le enseña la respiración como parte de un todo.hacerlo sin ganas para que te den ganas decia un monje Franciscano, Los Budista nos llevan años de ventaja...el abandono, el desapego, son las palabras que te ayudan a soltar por un momento ese desenfreno de la epoca por tener...dejamos de oir el instinto...nacemos con el un Leon o un Leopardo mueren con el, lo usan para cazar, es su sobrevivencia la que esta en juego...nosotros, perdemos la intuición...cuantas veces hay una vocecita que nos dice,,,no te conviene tal amistad, tal negocio no es bueno piensalo...y que pasa nos dejamos llevar por el estimulo de la emoción, de un logro rapido. mi hija tercera cuando trabajaba en un banco hace mucho de esto, le decia a sus clientes, no saquen el dinero hay algo raro en eso, lo cambiarón algunos de sus clientes a una bolsa de valores con intereses muy altos, lo perdierón, hicierón fraude...no escucharón su intución, es algo que pasa a diario, las emociones en verdad que te hacen nudos en el cuello...a mi me los hacen, por más que analizo las cosas, y me ayudo, soy occidental, trato, y hago lo que puedo, es verdad sin apegos llegas a la felicidad...no habria guerras, bien dice tú articulo es un aprendizaje, y de todos los dias...caminas pasos adelante y no asustarte cuando los descaminas, todos los dias sera el primer día...Histar, yo sufro de ver a mi nieta con distrofia muscular...es verdad te llega...y te enojas, y luego te dices, que saco con esto, en que le ayudo, entonces sueltas el problema...calro te ocupas de doctores y lo imposible, pero vives el día. un beso y muchos abrazos. Lupita

  3. 6 may 2009 | 10:32 PM # ishtar dice:

    Gracias Lupita, me llena siempre leerte desde tu experiencia.

    Sobre ese mundo interior del que tú nos hablas tienes mucha razón en lo que dices. Saber cultivar nuestro mundo interior nos aparte de los vaivenes del mundo exterior. En eso reside también la capacidad de felicidad de estos monjes.

    El mundo interior de cada persona se mantiene ágil como se mantiene ágil el cuerpo, con una gimnasia regular. Como puede ser la meditación, la visualización o cualquier forma de quietud dentro de un contexto espiritual.

    La desconfianza y el cinismo, en cambio, arrojan al individuo a la inestabilidad del mundo exterior. Las personas que no han desarrollado un centro emocional definido y estable acaban confundiéndose con el mundo exterior, con sus idas y venidas, con sus reveses e incertidumbres.

    Por ello es necesario recuperar el centro genuino interior de cada persona.

    Un gran abrazo!

  4. 7 may 2009 | 12:08 AM # lupita mosso dice:

    Amiga, gracias...aprendo de tus articulos...sabes el centro como bien dices...es eso, la unión del ser, si no vivimos fragmentados, somos un todo...como dices, cuando separamos la parte espiritual de lo demás somos maniqueos...duales, eso no es bueno, para nadie, ni para él mismo, la congruencia da armonia. besoos Lupita

  5. 30 may 2009 | 09:49 PM # ishtar dice:

    Gracias, Lupita, es al contrario, soy yo quien aprendo de ti.

    Muchos besos!!

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