el era para mí mi antítesis, difundiendo la calma
16 jul 09Virginia Woolf
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él era para mí mi antítesis, difundiendo la calma
servido por virginiawoolf 15 julio 2009 4 comentarios
Ahora, gracias a mi debilidad, recobro lo que él era para mí: mi antítesis. Por ser naturalmente veraz, no veía la utilidad de esas exageraciones, y le guiaba un natural sentido de lo ajustado; realmente, era un gran maestro del arte de vivir, por lo que parece haya vivido una larga vida, difundiendo la calma a su alrededor, casi podemos decir la indiferencia, de un modo muy claro en lo referente a sus propios triunfos, a su carrera, a pesar de que también estaba dotado en alto grado de la virtud de la compenetración con los demás. Un niño entregado a sus juegos -un atardecer de verano-, y en las puertas que se abrirán y cerrarán, que seguirán abriéndose y cerrándose, y por ellas veré visiones que me harán llorar. Sí, porque no se puede participar en ellas. De ahí nuestra soledad, de ahí nuestra desolación. Regreso a aquel lugar de mi mente y lo encuentro vacío. Mis deficiencias me oprimen hondamente. El ya no está aquí para oponerse a ellas.
De ahí el silencio y lo sublime. Pero el silencio pesa sobre mí. Es la perpetua exigencia de la visión. Ahora las presiones son intermitentes y sordas. Distingo menos de lo debido, y más vagamente de lo que debiera. Oprimo el timbre interior, y no sueno, ni emito irrelevantes clamoreos de tumultuosas campanillas. Cierto esplendor me hace titilar enloquecidamente, es el arrugado rojo contra el terso verde, es el desfile de las columnas, es la luz anaranjada tras las negras y picudas hojas de los olivos. Flechas de sensación se clavan en mi espina dorsal, aunque sin orden.
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desaparece el velo entre los dos
servido por virginiawoolf 15 julio 2009 4 comentarios
Vamos, vayamos despacio, como vagando sin rumbo, a las doradas sillas. El cuerpo es más fuerte de lo que yo creía. Y estoy más aturdida de lo que suponía. Ya nada me importa en el mundo. Nadie me importa salvo este hombre cuyo nombre es como si ignorase. ¿Somos aceptables, luna? ¿No somos hermosos, sentados el uno al lado del otro, aquí, yo con mi vestido, y él en negro? Ahora mis iguales pueden mirarme.
Las solas, las solitarias, se emparejan, caen juntas y se convierten en muchas. Poco importa lo que diga. Prieta, como un pájaro que aletea, una frase cruza el vacío espacio que media entre nosotros dos. Se posa en sus labios. Vuelvo a llenar la copa. Bebo. Desaparece el velo entre los dos. Entro en el calor e intimidad de otra alma. Estamos juntos muy arriba, en un collado alpino. Melancólico está de pie en lo alto del camino. Me inclino. Cojo una flor azul y la prendo, poniéndome de puntillas para llegar a él, en la solapa de la chaqueta. ¡Ahí! Es mi momento de éxtasis.
Ahora ya ha pasado. Ahora la laxitud y la indiferencia nos invaden. Otros seres pasan rozándonos. Hemos perdido la conciencia de nuestros cuerpos uniéndose bajo la mesa.
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nuestros cuerpos, el suyo duro, el mío fluido
servido por virginiawoolf 14 julio 2009 6 comentarios
Siento que mil posibilidades nacen en mí. Soy ingeniosa, soy alegre, soy lánguida, soy melancólica, sucesivamente. Tengo raíces, pero floto. Toda de oro, flotando en este rumbo, le digo a éste: "Ven." Rizándome en negro, digo a este otro: "No." Uno abandona su puesto bajo la vitrina. Se acerca. Se dirige a mí. Es el momento más excitante que he vivido en mi vida. Me estremezco. Me rizo. Me balanceo como una planta en el río, flotando hacia aquí, flotando hacia allá, pero enraizada, para que venga hacia mí. "Ven", le digo. "Ven." Pálido, negro el cabello, el que viene es melancólico y romántico. Y yo soy ingeniosa y parlanchina y caprichosa, ya que él es melancólico, romántico. Está aquí. En pie a mi lado.
Ahora, con una leve sacudida, como un crustáceo que se desprende de la roca, me suelto, le acepto plenamente, me dejo llevar. Nos unimos a la lenta marea. Entramos y salimos de esta dubitativa música. Las rocas quiebran la corriente de la danza, la resquebrajan, la estremecen. Entrando y saliendo, ahora quedamos absorbidos por este gran cuerpo. Nos une. No podemos salir de sus sinuosos, dubitativos, abruptos, perfectamente circulares muros, que nos rodean. Nuestros cuerpos, el suyo duro, el mío fluido, están pegados dentro del otro cuerpo que nos une, y después alargándose, en suaves y sinuosos pliegues, nos mece y nos mece. De repente la música cesa. Mi sangre sigue corriendo, pero mi cuerpo se está quieto. La estancia gira ante mi vista. Se detiene.
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en su empeño de envolver el mundo
servido por virginiawoolf 14 julio 2009 2 comentarios
Seguimos nuestro camino, embargados por sensaciones que tardan en desvanecerse, sensaciones agridulces, sí, porque en cierta manera él da lástima en su empeño de envolver el mundo en frases inacabadas, y por haber perdido el billete. Séame permitido denunciar este mundo de naderías y memeces, tan satisfecho de sí mismo. Llevo en mi interior algo que los destruirá por entero. Mi risa les hará retorcerse en sus sillones, les obligará a echar a correr aullando. No: son inmortales. Triunfan. Por ellos, jamás podré leer a Catulo en un vagón.
Leo que la zona de la Junquera, al norte de España, se ha convertido en el prostíbulo de Europa y que ahora el municipio se empeña en multar a las prostitutas y a sus clientes con 3000 €, y que una de ellas dice que ganaba antes 100 € al día y que ahora ya estamos en jueves y ha ganado solo 200€, hay alguna rumana entre ellas y la mayoría son extranjeras. Todo esto que leo en la prensa da pena, porque realmente esto sí que es especializarse en ser pobre, tanto de cuerpo como de espíritu. Habría que cultivarla como las artes y no así expuesta de mala manera, desgraciadamente nuestras culturas están habituadas a destruir todo lo concerniente a la vida en sus conquistas. Supongo que se habrán basado en la normativa sobre decencia pública del código penal y lo reglamentado en él en cuanto a orden público, esto es una cuestión de moral pública.
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ahora ya estamos fuera, suspendida
servido por virginiawoolf 13 julio 2009 4 comentarios
Esto es parte del monstruo, en trance al aparecer, al que estamos vinculados. Ahora ya estamos fuera, ahora estoy suspendida en el vacío sin vínculos. Estamos en la nada. En consecuencia, una amarga sombra, un cortante acento, caen sobre estas doradas espigas, estos campos enrojecidos por las amapolas, estos rebosantes campos que nunca sabrán de sus límites, sino que las espigas avanzan y avanzan, en olas, sólo hasta el límite, avanzan sin cesar.
Este es el primer día de nuestra vida, otro radio de la rueda que se alza. Pero mi cuerpo pasa errante como la sombra de un pájaro.
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barras verdes y amarillas cayeron
servido por virginiawoolf 13 julio 2009 1 comentarios
El sol ascendió. Barras verdes y amarillas cayeron sobre la playa, dorando los costillares de la consumida barca, dando azul brillo de acero a las planas hojas de las algas. La luz casi perforaba las delgadas y rápidas olas que en forma de abanico se deslizaban de prisa sobre la playa.
Si miro hacia atrás, más allá de esta cabeza, veré el silencio cerrándose ya y las sombras de las nubes persiguiéndose unas a otras en la desierta colina. El silencio se cierne sobre nuestro efímero paso. Esto es el momento presente. Esto es el primer día de las vacaciones de verano.
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Gozo
servido por virginiawoolf 12 julio 2009 4 comentarios
Gozo, mi corazón se ensancha ante el volumen y la autoridad de él, deja las nubes de polvo arremolinado sobre mi trémula e ignominiosamente agitada mente para que las recuerde con devoción. Ahora todo queda bien asentado, y me doy cuenta que me invade la conciencia de la Tierra bajo mis pies, y mis raíces descienden y descienden, hasta que se agarran a algo duro, situado en el centro, envolviéndolo.
Entonces regresaré a lo largo de los trémulos senderos, bajo los arcos de hojas de castaños. Pero nada nos diremos. De esta manera, poco a poco me quitaré esa cosa dura que se me ha formado aquí en el costado.
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la oscura raya en el horizonte se aclaraba
servido por virginiawoolf 11 julio 2009 4 comentarios
Poco a poco, la oscura raya en el horizonte se aclaraba, como si las partículas suspendidas en una vieja botella de vino hubieran descendido al fondo, dejando verde el vidrio. También más allá se aclaraba el cielo, como si el blanco poso hubiera descendido, o como si el brazo de una mujer recostada bajo el horizonte hubiera alzado una lámpara.
Poco a poco, a medida que el cielo clareaba, se iba formando una raya oscura en el horizonte, que dividía el cielo del mar, y en el paño gris aparecieron gruesas líneas que lo rayaban, avanzando una tras otra, bajo la superficie, cada cual siguiendo a la anterior, persiguiéndose una a otra, perpetuamente. Al acercarse a la playa cada barra se alzaba, se amontonaba sobre si misma, rompía, y se deslizaba un sutil velo de agua blanca sobre la arena.
La luz incidió en los árboles del jardín, y dio transparencia a una hoja. Y luego a otra. Un pájaro gorjeó alto. Hubo una pausa. Otro pájaro gorjeó más bajo. El sol dio relieve a los muros de la casa.
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su tez tenía frescura
servido por virginiawoolf 10 julio 2009 5 comentarios
Les faltaba el sentido de la proporción, les faltaba mesura. Algunos se desplomaban, sollozaban, se sometían. Este vivir o dejar de vivir ¿es asunto de nuestra incumbencia? Su tez tenía frescura y la nariz grande, los ojos brillantes, la manera un poco encorvada de sentarse, del cuello colgaba una papada, todo ello había hecho que pensase en él como en un halcón jovencito. Había atado los papeles, nadie se apoderaría de ellos, los colocaría en lugar seguro.
Se puso el sombrero y corrió por los maizales en algún sitio cerca del mar, había barcos, gaviotas y mariposas, se sentó en una escarpadura.
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