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La Coctelera

el amor se ha salvado por su idea, con Platón

7 sep 09

el árbol de Byron con lágrimas

servido por  virginiawoolf 06 septiembre 2009 16 comentarios

  

Qué raro aspecto tiene el sauce visto en compañía. Tú eras Byron, y el árbol era el árbol de Byron, con lágrimas, cayendo como la lluvia, en lamentos. Ahora que juntos contemplamos el árbol, este ha adquirido el aspecto de ir peinado, cada rama se distingue de las demás, y ahora te diré lo que siento bajo el influjo de tu claridad.

 

Siento tu reproche, siento tu poder. A tu lado, me convierto en una mujer desordenada e impulsiva, cuyo pañuelo está siempre manchado de esa mantequilla con que untamos los bollos. Efectivamente, llevo en la mano la Elegía de Gray. Con la otra mano agarro el bollo que ha absorbido totalmente la mantequilla, y se ha pegado al plato. Esto te molesta. Me doy muy clara cuenta de tu desagrado. Inspirada por tus sentimientos y ansiosa de recuperar tu aprecio, comienzo a contarte el modo en que acabo de sacarte de la cama. Describo tus zapatillas, la mesa de tu aposento y la vela casi consumida; sus acentos enfurruñados y quejosos, cuando tiro de la manta, mientras te ovillas como un vasto capullo.

 

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esa máscara a cuyo través

servido por  virginiawoolf 31 agosto 2009 10 comentarios

 

Es raro que nosotros, capaces de tanto sufrimiento, tengamos que infligir tanto sufrimiento. Es raro que la cara de una persona, a la que no conozco aun cuando creo que en cierta ocasión coincidimos en la pasarela de un buque que iba a zarpar rumbo al África -una simple aglomeración de ojos, mejillas y aletas de nariz-, tenga el poder de injuriarnos. Tú miras, comes, sonríes, te aburres, te deleitas, te irritas... Esto es cuanto sé. Sin embargo, esta sombra que se ha sentado junto a mí durante una o dos horas, esta máscara a cuyo través dos ojos miran, tiene el poder de hacerme regresar, de fijarme entre esas otras caras, de encerrarme dentro de una ardiente cámara, de mandarme volando, como una polilla, de vela en vela.

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It is strange that we, who are capable of so much suffering, should inflict so much suffering. Strange that the face of a person, whom I scarcely know save that I think we met once on the gangway of a ship bound for Africa -a mere adumbration of eyes, cheeks, nostrils- should have power to inflict this insult. You look, eat, smile, are bored, pleased, annoyed- that is all I know. Yet this shadow which has sat by me for an hour or two, this mask from which peep two eyes, has power to drive me back, to pinion me down among all those other faces, to shut me in a hot room; to send me dashing like a moth candle to candle.

 

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deber, detestable palabra

servido por  virginiawoolf 27 agosto 2009 17 comentarios

 

 

 

Debemos levantarnos de la silla. Debemos ir en busca de nuestros amigos. Debemos irnos. Deber, deber, deber... Detestable palabra. Una vez más, yo que me creía inmune, yo que había dicho: "Me he liberado de esto", me doy cuenta de que la ola me ha revolcado, me ha puesto cabeza abajo, ha esparcido todas mis posesiones, obligándome a recoger, a reunir, a amontonar, a hacer acopio de fuerzas, levantarme y hacer frente al enemigo.

 

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We must pull ourselves up out of our chairs. We must find our coats. We must go. Must, must, must - detestable word. Once more, I who had thought myself immune, who had said, "Now I am rid of all that", find that the wave has tumbled me over, head over heels, scattering my possessión, leaving me to collect, to essemble, to heap together, summon my forces, rise and confront the enemy.

 

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Virginia Woolf, feminista

servido por  virginiawoolf 26 agosto 2009 46 comentarios

 

 

 

I am a novelist and enjoy writing as well being an active feminist. I would consider myself a quite radical feminist compared to some of my friends.

 

Pensándolo bien no voy a desistir de la denuncia. Tengo que ser más dura y más feminista todavía y más radical. Y contigo también, el trato a la mujer, ¿qué tienes que decir?

 

 

Me he encontrado que hay un feminismo el de Virginia Woolf, que se atarea más en que la mujer escriba y escriba bien y que además ve cualidades innatas en las mujeres que ella dice carecen los hombres. Y me encontrado, sin embargo, otro feminismo que es el de la autora que estoy descubriendo ahora, María Zambrano, que es distinto, ella hace más por que la mujer no destaque, porque nos valgamos de nuestros propios recursos, porque vivamos un poco de la paciencia, de ceder ante los otros, realmente esto parece ser una postura resignada del feminismo conservador, pero yo quiero apostar nuevamente por María Zambrano, y ver que en sus palabras hay también un feminismo de vanguardia, de luz para la nueva época de la mujer, una mujer que empieza hoy a luchar.

 

 

Al final no voy a poner la denuncia, es decir me voy a desistir de ella, porque es una prueba para comerme mi orgullo y tambien para perdonar, yo creo que nos conviene ser menos orgullosos y lo que es lo mismo menos egoístas. Y porque me siento renacida hoy, a partir de hoy, porque es mucho lo que he pasado y porque he sobrevivido a este riesgo de haberme matado con el coche. Por esto mismo, voy a traer no sólo el feminismo de Virginia Woolf sino el de María Zambrano. Lo que hace la autora es salvar nuevamente el amor. Voy a transcribir un texto de ella:

 

 

 

"Entiendo por Utopía la belleza irrenunciable, y aún la espada del destino de un ángel que nos conduce hacia aquello que sabemos imposible.

 

Mas ahora renace en mí el temblor del nacimiento, como si lo estuviese escribiendo ahora, y sólo me atrevo a hacerlo por creer que lo nacido debe ser recogido, respetado. ¿Quién puede juzgar algo así? Yo no quiero escabullir mi responsabilidad. Se debe a un condescendimiento, no a la búsqueda de una altura. Sabido es que lo más difícil no es ascender, sino descender. Mas he descubierto que el condescendimiento es lo que otorga legitimidad, más que la búsqueda de las alturas. La virtud de la virgen maría fue no el encumbrarse, sino el condescender; eso sí, no sola. Yo no pretendo que en mí se cumpla, ni en este libro especialmente, la virginal virtud. No podría ser. Pero sí veo claro que vale más condescender ante la imposibilidad, que andar errante, perdido, en los infiernos de la luz. Júzgueme pues el eventual lector, desde este ángulo; que he preferido la oscuridad que en un tiempo ya pasado descubrí como penumbra salvadora, que andar errante, solo, perdido, en los infiernos de la luz. Es mi justificación. Júzgueme, pues, el amor, y si de tanto no soy todavía digna, júzgueme pues la com-pasión. Y no digo más, creo que sea bastante, para el inverosímil, pero no imposible, lector."

 

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María Zambrano, a modo de prólogo, en "Filosofía y poesía".

 

 

 

También voy a mostrar un párrafo de Virginia Woolf sobre la manera y la capacidad de escribir de las mujeres:

 

 

"Los hombres ya no eran para ella el "partido contrario"; no necesitaba perder su tiempo injuriándolos; no tenía que subir a la azotea y arruinar la paz de su espíritu anhelando viajes, experiencia y un conocimiento del mundo y de los caracteres que le habían sido negados. El temor y el odio habían casi desaparecido; sólo quedaban algunos rastros en una ligera exageración del goce de ser libre, una tendencia cáustica y satírica, más que romántica, al delinear el otro sexo. Además era indudable que como novelista gozaba de ciertas naturales ventajas de primer orden.

Su sensibilidad era vastísima, ávida y libre. Respondía a un casi imperceptible toque. Se deleitaba como una planta recién puesta en el aire con cada vista o sonido que se le atravesaba. Merodeaba, además, muy sutil y curiosamente, entre cosas casi desconocidas o no identificadas; se posaba sobre cosas pequeñas y mostraba que tal vez no eran tan pequeñas. Sacaba a la luz cosas enterradas y hacía que uno se maravillara de que hubieran sido enterradas. Torpe como era, y sin los inconscientes modales de larga tradición que hacen que el menor rasgo de la pluma de un Thackeray o un Lamb sea delicioso al oído, había -empecé a pensar- dominado la primera gran lección, escribir como una mujer; pero como una mujer que ha olvidado que lo es, de modo que sus páginas estaban llenas de esa curiosa calidad sexual que sólo adquiere cuando el sexo no es consciente de sí mismo."

 

Virginia Woolf, "Un cuarto propio"

 

Es muy dificil dar con esa voz personal, y que nos sugiera una emocion. Y a veces es la emocion que las satura lo que las hace incomprensibles. La facultad de sugestión es lo que dice Virginia Woolf extraña en la forma de escribir de muchos hombres, para ella en estos escritores  lo malo es que sus sentimientos no se comunican: su inteligencia está como aislada en cámaras distintas; ni un sonido va de una a la otra.  Carece de poder sugestivo, parece tosca e inmadura, si es lícito generalizar, no dará en ella con esa fuente de vida inmortal. Hay pocos poetas en verdad. 

 

En una lista de poetas aquí están los que salvó Virginia Woolf: Coleridge, Wordsworth, Byron, Shelley, Landor, Keats, Tennyson, Browning, Arnold, Morris, Rossetti, Swinburne.

Se refería a los ultimos cien años contemporáneos a ella. Por alguna razón oscura ella veía en los demás escritores grandes, como Klipling u otros, alguna traba que cegara el manantial de la energía creadora y lo redujera a límites estrechos.

  

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abarcándolo todo

servido por  virginiawoolf 21 agosto 2009 6 comentarios

 

 

 

Sin medida receptiva, abarcándolo todo, trémulo de plenitud, y al mismo tiempo claro y refrenado, así parece ser mi ser, ahora que los deseos han dejado de incitarle a que se vaya y se aleje, ahora que la curiosidad ha dejado de teñirlo de todos los colores.

 

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Virginia Woolf, a biografy

servido por  virginiawoolf 19 agosto 2009 11 comentarios

Virginia Woolf, 22 de Hyde Park, my first home, 49 Gordons Square, and Bunswick Square Bloomsbury, the country of England, Leonard and me, and my book "A room of one's own".




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maría zambrano, el amor

servido por  virginiawoolf 18 agosto 2009 9 comentarios

 

 

 

 

El amor nacido en la dispersión de la carne, encuentra su salvación porque sigue el camino del conocimiento. Es lo que más se parece a la filosofía. Como ella, es pobre y menesteroso y persigue a la riqueza; como ella, nace de la obscuridad y acaba en la luz; nace del deseo y termina en la contemplación. Como ella, es mediador.

Y ahora, después de leer El Banquete, se presenta la duda de que haya, en realidad, dos caminos de salvación: el de la dialéctica y el del amor, esta otra dialéctica amorosa, esta purificación del alma dentro del amor mismo, sin que sea menester su aniquilación.

El amor sirve al conocimiento, llega al mismo fin que él por diferente camino, por el camino que menos apropiado parecía, el de la manía o el delirio: "He aquí a donde llega todo este discurso que concierne a la cuarta especie de delirio -sí, de delirio-. Cuando a la vista de la belleza de aquí abajo y el recuerdo de esto que es verdadero, toma las alas, de nuevo alado e impaciente también de volar, más impotente para hacerlo, dirige a lo alto sus miradas a la manera del pájaro y descuida las cosas de acá abajo... de todas las formas de posesión divina (entusiasmo) ésta se revela ser la mejor, tanto para el sujeto como para el que le está asociado; y la presencia de este delirio en el que ama a los cuerpos bellos, hace decir de él que está loco de amor". Platón, Fedro.

 

Con esto está logrado lo que parecía más imposible, la generalización de lo sensible. Lo sensible era contrario y rebelde a la unidad, unidad en que, una vez hallada, participan todas las cosas que antes veíamos dispersas, cada una viviendo por sí. Por la belleza se ha logrado esta unidad. El mundo sensible ha encontrado su salvación, pero más todavía, el amor a la belleza sensible, el amor nacido en la dispersión de la carne.
 

Hay un delirio divino que es el amor. ¿Cómo al llegar aquí, no sintió Platón la necesidad de justificar a los poetas como hombres esclavizados por este delirio? Delirio del amor que ejerce la misma función que la violencia filosófica. Mediante él, el hombre queda arrebatado, suspenso, en "éxtasis" según los místicos habían de repetir durante siglos, innumerablemente.

Agradezcamos a Platón El Banquete, Fedro. Por ellos el amor quedó a salvo de su total destrucción. En el ascetismo dominante que enlazó filosofía griega y religión cristiana, el amor y su culto, la religión del amor, la antigua religión del amor, de los misterios, tuvo un lugar. Por el pensamiento platónico, no solamente se unen filosofía griega y cristianismo, sino la religión del amor y del alma, que bajo diversos nombres existía, y el cristianismo. Sin este pensamiento mediador hubiera quedado completamente aniquilada, oculta, y tal vez, produciendo graves trastornos con inexplicables apariciones parciales y desesperadas.
 

 

El amor se ha salvado por su "idea", es decir, por su unidad. Se ha salvado porque partiendo de la dispersión de la carne lleva a la unidad del conocimiento, porque su ímpetu racional es divino ya que hacia lo divino asciende. La idea primera que del amor se crea, es ya mística. Por eso es un gran error lo que tantas veces se ha dicho: que el amor místico es un trasunto del amor carnal tal y como se da. Es todo lo contrario: el amor carnal, el amor entre los sexos, ha vivido "culturalmente", es decir, en su expresión, bajo la idea del Amor platónico que es ya mística. Y en las épocas en que el amor ha sido una fuerza social, en esos brillantes momentos del final de la Edad Media y del Renacimiento, todo enamorado manifestaba su amor en términos platónicos, más o menos, y lo que es más grave: si así lo decía el enamorado era porque él mismo así lo sentía, porque así se lo decía a sí mismo. Y así era. Gracias al platonismo el amor ha tenido categoría intelectual y social. Se ha podido amar sin que sea un hecho escandaloso.

 

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Porque el amor, lleva ya constitutivamente una distancia. Amor sin distancia, no sería amor, porque no tendría unidad, es decir, objeto. Es su diferencia fundamental con el deseo: en el deseo no hay propiamente objeto, porque lo apetecido no está en sí mismo, no se le tolera este ensimismarse que ya la poesía realizaba por su cuenta, antes de Platón y después, cuando ha sido extraña a su influjo. El deseo consume lo que toca; en la posesión se aniquila lo deseado, que no tiene independencia, que no existe fuera del acto del deseo. En el amor subsiste siempre el objeto, tiene su unidad inalcanzable. La posesión amorosa es un problema metafísico y como tal, sin solución. Necesita traspasar la muerte para cumplirse; atravesar la vida, la multiplicidad del tiempo.

El amor, al igual que el conocimiento, necesita de la muerte para su cumplimiento. El amor por quien se propaga la vida... Este es, creemos, el fundamento de toda mística: que el amor que nace en la carne (todo amor "primero" es carnal) tiene, para lograrse, que desprenderse de la vida, tiene también que convertirse, como decía Platón era menester realizar con el conocimiento.

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Y esta conversión, en verdad, se ha verificado por la poesía, en la poesía. En la poesía que supo mejor que la filosofía, interpretar su propia condenación, pues le estaba reservado a la poesía nutrirse hasta de su propia condena. Con más fuerza que el pensamiento, ha sabido, hasta ahora, sacar su virtud de su flaqueza; su existencia de su contradicción, de su pecado.

Poesía platónica en la que se perpetúa la antigua religión del amor, la antigua religión de la belleza transformada, a veces, en religión de la poesía.

 

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maría zambrano, kierkegaard y la angustia

servido por  virginiawoolf 16 agosto 2009 4 comentarios

 

María Zambrano, 1904-1991

 

 

Voy a traer a una filósofa que sin ser influida por Virginia Woolf directamente tiene una autenticidad y una calidad literaria y filosófica muy parecida, y también como mujer que escribe en lengua española, y que recibió la influencia directa de nuestros filósofos, por acercarla a nosotros y sentirnos también deudores de una herencia hispánica que estuvo abierta hacia la modernidad, y voy a traer un texto de ella sobre Kierkegaard y el sentimiento de angustia. Ella es María Zambrano, una gran autora de las letras. También porque este concepto de angustia está unido con aquel otro que une íntimamente lo psíquico con lo corpóreo, cuando hablamos de Henry Bergson.

  

La imagen de la angustia, con su inmediata consecuencia el poder, está diseñada insuperablemente por Kierkegaard en su libro clásico: El Concepto de la Angustia. Dice así en el capítulo titulado "El concepto de la angustia": "La inocencia es ignorancia. En la inocencia no está el hombre determinado como espíritu, sino psíquicamente, en unidad inmediata con su naturalidad. El espíritu en el hombre está soñado. En este estado hay paz y reposo; pero hay al mismo tiempo otra cosa, que, sin embargo, no es guerra ni agitación -pues no hay nada con que guerrear. ¿Qué es ello? Nada. Pero, ¿qué efecto ejerce? Nada. Engendra angustia. Este es el profundo misterio de la inocencia: que es al mismo tiempo angustia. Soñando proyecta el espíritu de antemano su propia realidad; pero esta realidad es nada; y la inocencia ve continuamente delante de sí esta nada. La angustia es una determinación del espíritu que ensueña y pertenece, por tanto, a la psicología. En el estado de vigilancia está puesta la distinción entre mi yo y mi no-yo; en el sueño está suspendida, en el ensueño es una nada que acusa. La realidad del espíritu representa siempre como una forma que incita su posibilidad; pero desaparece tan pronto como él echa mano a ella; es una nada que sólo angustiar puede".

Todo gira en torno de la entrada de la angustia en escena. El hombre es una síntesis de lo psíquico y lo corpóreo, pero una síntesis inconcebible cuando los dos términos no son unidos en un tercero. Este tercero es el espíritu...

 

Ignorancia del bien y del mal, ignorancia de la existencia, que aparece en la plenitud de su posibilidad, como una sombra poblando de presentimientos infinitos la blancura desierta de la inocencia. Después (Kierkegaard sigue el texto de la caída de Adán y Eva según el Génesis) una palabra sólo descarga la angustia: "la prohibición -dice Kierkegaard- le angustia, pues la posibilidad despierta la libertad en él: lo que por la inocencia había pasado como la nada de la angustia, ha entrado ahora en él mismo y surge ahora de nuevo una nada: la posibilidad angustiosa de poder. Adán no tiene ninguna idea de qué es eso que puede... Se lo exige la posibilidad de poder, como una forma superior de la ignorancia y como una expresión superior de la angustia, porque este poder en sentido es y no es; porque ama y huye en sentido superior". Y unas líneas más tarde: "La infinita posibilidad de poder que despertó la prohibición, se acerca más porque esta posibilidad tiene por consecuencia otra posibilidad".

 

Sueño. Angustia ante la totalidad presentida, ante el infinito de la libertad. Y caída en el poder... Ya sé que Kierkegaard no emplea la palabra poder en el sentido de poder de dominación, sino en el sentido de la posibilidad de un ser que despierta al tiempo que cae, es decir, que cae en su propia existencia desde el sueño inocente en que yace, mientras todavía no es él; mientras todavía no ha salido del seno de Dios o de la nada. Angustia; presentimiento dentro de la nada, de la caída de la propia existencia, del despertar en el pecado de ser uno mismo. La vida es sueño lo dice más claramente, más plasticamente al menos con su imagen central de la vida como un sueño (todo es sueño, menos el "obrar bien que ni en sueños se pierde"). Pero en el poeta la vida es el sueño y en el filósofo, el sueño es la inocencia, y la caída es el despertar a la libertad. En los dos la libertad es lo único real.

Libertad además de real, absoluta, en Kierkegaard, puesto que reduce el pasaje bíblico a un suceso interior al hombre, y las palabras de Dios es Adán quien se las dirige a sí mismo.

En la angustia, decíamos, se abre paso la persona. El "espíritu", dice Kierkegaard; la "existencia", Heidegger. Mas, ¿de qué modo? Ni Kierkegaard, ni nadie de los que han hablado de la angustia, trazan el momento del amor. Sólo el temor aparece. Y no hay amor porque no hay tampoco ninguna presencia, ningún rostro. La infinitud del poder y de la libertad sin límite alguno, porque el límite tendrá que estar puesto por algo, por alguna cosa. En la angustia, no existe el otro.

 

Y sin angustia, el poeta no recorrería el camino que va desde el sueño -ese sueño que hay bajo toda poesía- y que es el sueño que hay bajo toda vida. No saldría el poeta de ese sueño de la inocencia, si no es por la angustia. Angustia llena de amor y no de voluntad de poder, que le lleva hasta la creación de su objeto.

De ahí, el que la metafísica moderna se nos aparezca siempre como después de haberle sido extraído algo. Y el hombre que esa metafísica diseña, un tanto vacío, un tanto deshumanizado, o, tal vez, desdivinizado a fuerza de querer divinizarse. Porque la embriaguez de la libertad, acaba con los límites; y los límites nos lo traen la presencia de las cosas, de los seres, del mundo y sus criaturas y aun del hacedor de todas ellas. La libertad absoluta, con la ilusión de disponer enteramente de sí, de crearse a sí por sí misma, acaba borrándolo todo. "La angustia es el vértigo de la Libertad".

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