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La Coctelera

violin concerto bronislaw, diario de una escritora

22 oct 09

La manera para volverse a poner a escribir es la siguiente. Primero, leves ejercicios al aire libre. Segundo, lectura de buena literatura. Es un error creer que la literatura puede producirse partiendo de materiales no elaborados. Hay que quitar la vida de en medio -ésta es la razón por la que tanto me desagradan las interrupciones de Sydney-, una debe adquirir calidad exterior; muy, muy concentrada, toda ella centrada en un punto, sin verse obligada a basarse en las desperdigadas porciones de un personaje, que vive en el cerebro. Sydney viene, y yo soy Virginia; cuando escribo soy tan sólo una sensibilidad. A veces me gusta ser Virginia, aunque sólo cuando estoy dispersa, diversa y gregaria. Ahora, en tanto nos encontremos aquí, me gusta ser sólo una sensibilidad. A propósito, da gusto leer a Thackeray, muy vivo, con “toques”, como los llaman los Shanks, pasmosamente certeros.

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beethoven

Beethoven Violin Concerto bronislaw gimpel Vox.

Denunciar contenidos los ciclos de la vida, la madurez emocional
servido por virginiawoolf 20 octubre 2009 3 comentarios

A veces la vida parece que se me estanca. En estas épocas de espera me resulta útil recordar que las etapas de la vida tienen un ciclo natural de crecimiento, plenitud y decadencia, tras el cual se inicia un nuevo ciclo. En esos momentos mi debilidad y mi impaciencia no logran nada. El tiempo de la psique no es el tiempo de la vida diaria. Hay que darse tiempo para madurar y encajar situaciones, tiempo de cara al desarrollo de las relaciones personales, tiempo para reconocer dónde nos hemos estancado y por qué. Hay que situarse en un ámbito más intemporal para poder examinar y superar las crisis propias de cada etapa con calma.

Así las crisis personales también afectan al entorno familiar y social. Como si estuviese atrapada entre dos espejos, mi figura humana se desdobla al infinito: tras cada persona aparecen otras, que pueblan mi vida y se cruzan en mi camino.

Este es el sustrato de la vida humano de la que todos estamos construidos. Las distintas etapas naturales de mi vida obedecen a señales biológicas, culturales y genéticas diversas. Cada etapa entraña determinados retos a los que debo enfrentarse para poder seguir adelante.

“¿Qué necesito? ¿De dónde vengo? ¿Cómo me pueden ayudar estas experiencias para conocerme mejor y evolucionar?”. A menudo desperdiciamos oportunidades de cambio porque queremos forzar los acontecimientos en unas circunstancias y un tiempo que no es el suyo. Nos aferramos a nuestros deseos y el miedo, de nuevo, nos condiciona demasiado.

Al contrario de lo que solemos creer el proceso de evolución y desarrollo humano, psíquico y físico, no se detiene al final de la adolescencia; prosigue durante toda la vida. A lo largo de la vida no cambian las emociones, sólo cambia nuestra capacidad de gestión y nuestros recursos frente a estas emociones. Tendemos a considerar la edad adulta como un camino lineal y estable, pero tiene sus propios ciclos o etapas, con sus puntos de inflexión y crisis características que es necesario reconocer y solucionar de la mejor manera posible. No se puede superar una etapa y adentrarse en la siguiente sin solucionar la etapa y crisis anteriores. El umbral de nuestra vida presente es el conjunto de nuestras experiencias pasadas.

¿Cómo maduramos?

Algunas personas llegan a la edad de la madurez escarmentadas por el dolor. Deciden entonces que las emociones son dañinas, que existen sentimientos que hay que apartar de uno mismo para no sufrir. A veces a este proceso lo llaman “madurar”: se refugian en ser razonables, niegan la fuerza del amor y se resisten a considerar que el dolor pueda ser una fuente de transformación y de empatía. Prefieren vivir con las emociones adormiladas o reprimidas con tal de no enfrentarse a sus efectos transformadores e intensos.

La emoción no es debilidad. Sin emoción no hay vida plena. No se pueden ignorar las emociones porque nunca desaparecen: estamos obligados a hacer algo con ellas. Si las apartamos, reaparecen en sueños o bien a través de otras manifestaciones inconscientes, como las crisis de angustia, tan corrientes en las crisis de la edad adulta.

La psique se resiste a morir, a despojarse de las ganas de vivir y de sentir. El instinto de lucha por seguir vivo. Aquellas personas que creen que el paso de los años entraña la renuncia a las emociones y a los sueños aceptan tácitamente envejecer, aceleran incuso el proceso de envejecimiento, físico y psíquico, para acabar cuanto antes con el dolor de la lucha interna que padecen. Es una salida habitual a la crisis denominada “luto por la juventud”, cuando triunfan los miedos de la edad adulta: el miedo a la muerte, a quedarse sin trabajo, al dolor emocional, a la soledad... y sobre todo el miedo al cambio.

En realidad la vida después de los 40 años debería ser una vida rica psíquicamente: las emociones son tan rotundas como a los 20 años, pero se ha acumulado experiencia para hacer frente a la marea emocional, e intuición y templanza para recorrer el camino de forma más deliberada.

Conozco el valor del tiempo y sé que soy capaz de sobrevivir al dolor. Reconozco de forma instintiva mis patrones negativos y a veces puedo evitarlos, o incluso desactivarlos. Las inundaciones emocionales son menos frecuentes. Cuando surgen el sentido del humor, una magnífica herramienta de gestión emocional que suele florecer con la madurez adulta, nos permite incluso celebrar que nuestra psique esté viva. La debilidad y el desconcierto emocional son pasajeros cuando tengo los recursos para analizar una situación y para gestionarla adecuadamente. Cuando entiendo las razones de nuestro desasosiego emocional, puedo razonarlo e incluso controlarlo. Con cada esfuerzo por entender y situar en su contexto nuestras emociones y nuestra vida salimos reforzados.

La integridad, ¿cómo podemos ser íntegros?

Otro elemento importante en toda vida humana es la integridad, la fusión de la identidad pública y privada. Una identidad adulta sana encajará tanto con nuestra personalidad como con el mundo que nos rodea. Si éste no es el caso, probablemente suframos problemas psíquicos, como depresión o ansiedad. Una persona gregaria y activa se deprimirá en una profesión solitaria. Una mujer solitaria y pacífica no será feliz trabajando en el servicio de urgencias de una ciudad peligrosa. Si nuestra identidad adulta no encaja con el mundo exterior, nos sentiremos alienados del mundo. Antaño las personas luchaban contra la tiranía de la sociedad cerrada. Pero en una sociedad donde ya no se nos imponen tantas estructuras mentales y sociales, las crisis identitarias no suelen ser fruto de los conflictos interpersonales, sino internos. Tenemos un ámbito de elección enorme y muy pocas referencias por las que guiarnos. La rebelión suele darse contra uno mismo.

Otra oportunidad que ofrece la madurez emocional es no confundir nuestro ser con nuestras circunstancias, sobre todo cuando éstas se tornan difíciles. Los adultos emocionalmente maduros saben que el mundo es inseguro y cambiante y que nada externo puede darles una seguridad real. Buscan, por tanto, esa serenidad en su interior.

Así, cuando los problemas acechan es posible que hallemos en nosotros mismos un lugar emocionalmente seguro al que acudir -el hogar invisible que todos llevamos dentro, aquel que los niños, en su infancia, necesitan ver proyectado en el hogar de sus padres-. Durante la juventud se lucha de forma casi física para conseguir una forma de vida determinada y reclamar un lugar en el mundo. La madurez supone una lucha basada en los valores conscientemente elegidos. Aunque es la época del reconocimiento de la realidad -es decir, de los límites-, lo es también del desarrollo de la fuerza necesaria para superar los obstáculos, y de la capacidad de apartarse de forma consciente de determinados modos de vida, influencias o personas. Todo ello implica riqueza y fortaleza interior, desde cualquier perspectiva vital o creencia que se tenga.

En este camino y en este paisaje cualquier apoyo es bienvenido: la mirada cómplice, la palabra de aliento, el destello de comprensión. Nacer y vivir en este gigantesco y apasionante laboratorio humano implica una soledad implacable, a veces difícil de superar. Sin embargo, no puedo renunciar a encontrar el sentido de mi vida ni a compartirlo con los demás, desde la compasión y el respeto que merecen tantas personas por el esfuerzo inmenso que supone aprender a vivir sin miedo.

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(Este artículo está basado en el libro de Elsa Punset: Brújula para navegantes emocionales).

Vale la pena consignar, en vistas al futuro, que el poder creador que tan agradablemente burbujea al comenzar un nuevo libro disminuye al cabo de cierto tiempo, y sigue produciéndose con más serenidad y constancia. Aparecen dudas. Luego, una se resigna. Lo que más influye en que una siga escribiendo es la decisión de no cejar y la sensación de que se va a conseguir una forma. Estoy un poco angustiada. ¿Cómo voy a plasmar esta concepción? Cuando una se pone a trabajar, inmediatamente se asemeja a una persona que va de paseo, y que ya ha visto el paisaje extendiéndose ante ella, antes. En este libro no quiero escribir nada que no me guste escribir. Pero escribir es siempre difícil.

Virginia Woolf

Denunciar contenidos vuelve
servido por virginiawoolf 16 octubre 2009 8 comentarios

Me arrepiento, Alex Ubago:

Ya no me llamas por teléfono

Es la señal que todo acabó

Antes lo hacías y siempre era yo

Quien te pedía que no.

Desde ese día en que te abandoné

Juraste volverías por mí

Yo no quería y no volviste más

Y hoy te vengo a decir:

Si estas contéstame

Vamos atiéndeme

Yo sé que he sido un tonto

Y que, de ti me enamoré

Y yo no lo supe ver.

Vuelve que el tiempo pasa y yo te echo de menos

En este punto te seré sincero

Y dejare que hable mi corazón.

Que esta latiendo, desesperado por ir a buscarte

Pero es inútil por que se ha hecho tarde

Y me arrepiento de lo que pasó.

Cuando empezamos eras para mí

Tan sólo un pasatiempo no más.

Así que nunca te considere

Ni te pase a dejar.

Y ahora todo cambió.

Quien te llama soy yo.

Es que mi calculo falló.

Inversamente no, no te olvidé hasta hoy.

Vuelve que el tiempo pasa y yo te echo de menos

En este punto te seré sincero.

Y dejaré que hable mi corazón.

Que está latiendo, desesperado por ir a buscarte.

Pero es inútil porque se ha hecho tarde

Y me arrepiento de lo que pasó.

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Sus ojos (porque está enamorado; la siniestra imagen del amor ha presidido nuestro encuentro) se llenan de deseo, se llenan de lágrimas. Coge el atizador, y de un solo golpe destruye la momentánea apariencia de solidez en los ardientes carbones. Cambia todo. Y la juventud y el amor. Flotando ha pasado la barca bajo el arco de los sauces y ahora se encuentra bajo el puente. Percival, Tony, Archie u otro irán a la India. No volveremos a reunirnos. Entonces alarga la mano y coge la libreta -cuidadosamente forrada con papel moteado- y febrilmente escribe largas líneas de poesía, al estilo del poeta que más admira en el presente instante.

»Pero deseo gozar del paso del tiempo, asomarme a la ventana, escuchar. Vuelvo a oír el irregular coro. Ahora rompen loza. Es otra tradición. El coro, como las aguas de un torrente saltando sobre rocas y peñas, asaltando brutalmente viejos árboles, cae con magnífico abandono, de cabeza, en precipicios.

Denunciar contenidos una reconstrucción crítica racional
servido por virginiawoolf 14 octubre 2009 19 comentarios

Acerca de la crítica se está hablando mucho, a mí me gusta la gente crítica, lo que voy a hacer es dejar aquí desde el punto de vista de la filosofía un documento que a mí me parece importante para introducirnos hacia una verdadera crítica racional, otra cosa es la crítica especializada en literatura o en cualquier otra actividad, pero me parece que todo viene a confluir a la filosofía en último término como veremos. Virginia Woolf dejó además unos brillantes escritos sobre crítica de obras literarias que me gustaría plasmar también en otros posts.

Creo que es muy difícil ponerse en el punto de vista externo de alguien, parece que nos estamos poniendo muy serios, quizás.

Porque se podría decir, ¿es la crítica de la comunidad de libroderena una utopía o es la crítica de la utopía?

El nivel es el externo, en el que los filósofos y otros teóricos hablan acerca de estas actividades en lugar de participar en ellas. Según Rorty éste es el nivel en el que algunos malos fiósofos sostienen que incluso en los casos difíciles los teóricos intentan averiguar qué es lo que se dice en la praxis. Éste es el nivel que Rorty quiere ocupar para, una vez ocupado, sostener que estas afirmaciones externas son metafísicas, fundacionales y otras tantas cosas malas. Según él, la refutación de estas descripciones externas erróneas no cambiará el pensamiento o el discurso en el nivel interno (el de las prácticas científicas y reales), excepto en el sentido de liberarlas de cualquier confusión y oscuridad que se haya filtrado en la práctica desde las malas teorías externas. En definitiva, Rorty entiende que el triunfo del pragmatismo sólo ha limpiado el terreno conceptual para que la práctica real pueda proseguir, liberada ya de tal tipo de confusión.

Así que con Rorty y otros también nos podemos poner a buscar a los críticos malos, y no digamos lo que ellos mismos escriben. No, pero no es éste el caso y aquí no seguimos el pragmatismo de Rorty que parece tan desafiante pero no lo es.

Está el modelo del desafío y el modelo del impacto, y estos son términos de filosofía norteamericana, en concreto de la filosofía de Dworkin, uno de los filósofos más sobresalientes hoy día en ese terreno.

El modelo del impacto supone que tenemos convicciones acerca de estados del mundo que son independientemente evaluables; no se ofrece a juzgarlos, sino simplemente a explicar nuestros valores mostrando el vínculo entre nuestras opiniones acerca de los dos tipos de valor. El modelo del desafío también supone que tenemos convicciones acerca de cómo vivir: y no las juzga, sino que declara que entenderemos mejor nuestra vida ética si la contemplamos del modo por él recomendado, como opiniones acerca de la diestra realización de una tarea autoimpuesta, más que como opiniones acerca de cómo podemos cambiar el mundo para mejor.

El modelo del impacto hace aparecer como necias ciertas convicciones éticas que alguna gente tiene: esas convicciones no sobrevivirían si el modelo se tomara seriamente como modelo exclusivo.

La diferencia entre los dos modelos, a este respecto, es que las convicciones que el modelo del desafío hace aparecer como singulares son de todos modos convicciones que realmente muy pocas personas, en caso de que las haya, albergan.

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En fin lo que quiero decir es que la crítica nos lleva a un proceso de reconstrucción histórica y de proceso de progreso, y estaríamos en la metacrítica de la crítica tal vez.

¿Acaso no es posible, incluso indispensable, concebir el rebasamiento formal de la sujeción del comprender "crítico" o reflexivo a la perspectiva de la condición de posibilidad del acceso a nuevas y superiores perspectivas comprensivas, es decir: de nuevas formas de la precomprensión del mundo que posibilitan un comprender más profundo y que no son meras “prosecuciones” de tradiciones, sino más bien logros de la reflexión crítica?

Esto es lo que en filosofía se ha llamado: poner en libertad justamente aquellas normas intersubjetivamente válidas de la razón práctica y de la reconstrucción hermenéutico-crítica de la historia.

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Tampoco la ciencia occidental puede pensarse con independencia de la metafísica en Occidente, ni en sus hipótesis sustanciales globales de explicación del mundo, ni en sus presuposiciones lógico-trascendentales (no empíricas).

Y esto es muy importante también para comprender la obra artística, la literaria o de lo que sea, su relación con la ciencia, el no apartarse de lo que es la experiencia científica y la observación de la verdad, que es una virtud educativa al mismo tiempo.

De esta idea puede deducirse el motivo de una crítica radical de la ciencia y de la filosofía, a saber: la sospecha de que ha sido precisamente la forma de pensamiento de la metafísica occidental -la forma de pensamiento del “ocultamiento del ser” en la forma de ideas (Heidegger) o conceptos referidos al “logos”- la que ha hecho posible el problemático saber de dominio de la ciencia moderna o, dicho de otro modo, la técnica.

Y la reflexión -”hermenéutica” sobre el acontecer del sentido y de la verdad del comprender históricamente situado sí está en condiciones de descubrir; pero no se puede comparar al ideal de objetividad de la ciencia natural basado en la suposición de un objeto de conocimiento homogéneo ya acabado y que sólo hay que investigar progresivamente.

A todo esto viene la crítica y Lord D. me dice:

No veo la conexión desde el momento en que la conciencia metafísica es una expresión oscura de la cual todo puede inferirse.

Y es confuso pensar en el dominio de la ciencia sin tener claro que es lo dominado y con qué fin. El esquema crítico siempre comienza con una sospecha y termina dilucidando quienes y con qué objetivo.

En cuanto a por qué todo quisiera ser ciencia incluyendo la economía ya expuse que tales saberes tienen referentes chamánicos e imitativos, quisieran imitar la ciencia por la aplicación de sus resultados en el plano del poder. Por eso hay hijos bastardos de la antropología y la voluntad de poder como "la ciencia del marketing". -

El fin de la metafísica y sus coletazos agónicos como Heidegger acarrean estas convulsiones buscando al Ulises que ha herido su ojo único. ¡La ciencia me mata! ¡La ciencia me ha herido! Ulises ha sido muy ingenioso otra vez, su verdadero nombre es la filosofía del lenguage.

Y en estas convulsiones agónicas golpea sin visión y precipita su muerte con un aluvión de palabras afectadas. El lenguage es su propio veneno. La pregunta clave es ¿qué cuestión hay detrás de cada neologismo? Y ¿por qué no utilizar el principio de ockham para terminar con la hemorragia de conceptos inaprensibles?

Aquí se pone Lord D. ya muy crítico conmigo y termina diciéndome:

Hay que volver a leer el " Tractatus Logicus Phiposophicus " como lo que realmente es: una lavadora de los excesos de la metafísica. Cualquier teoría científica tiene su prueba de ácido perenne en la naturaleza. ¿qué decir de los postulados trascendentales de la metafísica? ¿cuál pudiera ser su prueba de ácido?

Mi contestación está aquí:

La prueba de ácido está aquí: en las precondiciones de la preestructura del discurso dirigido hacia el entendimiento sobre algo: las precondiciones reflexivo-trascendentales del discurso racional del argumentar. Sí, tendremos que cortar con la navaja de Occam pues no se trata de las precondiciones de todo intento humano de comprender, sino tan solo de las condiciones trascendentales de posibilidad del comprender válido o no válido; que son condiciones de posibilidad de la validez intersubjetiva de la comprensión o en general del conocimiento.

(Véase mi artículo publicado en el livejournal sobre las pre-condiciones reflexivo trascendentales del discurso racional: http://ishtar-sylphide.livejournal.com/45701.html )

Una crítica coherente de la metafísica en la modernidad deberá evitar la crítica "total" de la razón, sólo le estará permitido criticar lo que la metafísica tradicional tenía de dogmática y de acrítica porque se enunciaba sin reflexionar suficientemente sobre las condiciones de posibilidad de la propia validez.

Aquí topamos con un déficit de reflexión en Wittgenstein, ligado a su predilección útil en muchos aspectos por la mera descripción de ejemplos. Ciertamente mediante el análisis de ejemplos se puede oponer un eficaz correctivo a los prejuicios apriorísticos y las generalizaciones precipitadas de la filosofía sistemática.

Pero de este modo no es posible hacer inteligible la pretensión específica de validez de toda proposición filosófica también de las proposiciones en que se sustenta la crítica del lenguaje o del sentido.

Me dice Lord D.: Hablar de postulados trascendentales en ciencia tiene sentido pero aun estos han sido revisados por evidencias empíricas como el principio de determinación de Newton o el de localidad de Einstein.

Y me dice: Siento que decirte, que no has leido a Wittgenstein.

Y yo le contesto: No he leído sus investigaciones ni el tractatus como libro pero sí he leído un libro que tengo de recopilación de párrafos acerca de sus libros y de su cuaderno azul, y sé como escribe y lo que es el segundo Wittgenstein respecto al primero; pero voy a escribir otro resumen que hace la crítica definitiva a Wittgenstein, y tambien de paso a Heidegger; voy escribiendo filosofía como puedo.

La relevancia del principio de autoalcance de la reconstrucción de la historia se pone sobre todo de manifiesto cuando lo confrontamos con los intentos característicos de toda la modernidad (e irónicamente característicos también de la crítica total a la razón en el postmodernismo) de ofrecer una explicación reduccionista naturalista de la historia del espíritu a partir de motivos causales externos. Al confrontarla, por ejemplo, con el intento de Nietzsche de cuestionar genealógicamente todas las pretensiones de validez de la razón humana (verdad, rectitud moral y finalmente también la veracidad que durante tanto tiempo reivindicó para sí -la “sinceridad” de Nietzsche-). Frente a estos intentos (condenados a la contradicción performativa) de sustituir comprensión por explicación, el principio de autoalcance de la reconstrucción no exige renunciar a explicaciones externas pero sí subordinarlas y postergarlas a la comprensión en el sentido de una reconstrucción racional valorativa.

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Denunciar contenidos diario de una escritora
servido por virginiawoolf 12 octubre 2009 14 comentarios

Hoy es como una fiesta aquí en Madrid. He descubierto una librería nueva especializada en filosofía y ensayo político, justo por frente del Palacio Real yendo en dirección al Palacio de Oriente. Luego un paseo por casualidad que me hizo bajarme por Banco de España me llevo a la feria del libro antiguo. Allí compré el “Tratado de la pasión” de Eugenio Trías, un libro que me está encantando, muy en la temática que seguí días atrás cuando quería descubrir una lógica entre una sensibilidad bergsoniana y mi Virginia Woolf.

Pero eso ha sido hoy, pero ayer mismo todavía más, descubrí una librería sólo especializada en mujeres, muy cerca de la plaza Mayor, en la calle de San Cristobal, al parecer es la única librería en Madrid especializada y lleva 30 años, la más antigua tal vez, porque hay otra en Barcelona que me decía la encargada de la tienda solo lleva 10 años, luego ellas tienen el record de la antigüedad, fíjate, qué interesante, pues nada más entrar ya vi libros que me interesaban. Me compré el “Diario de una escritora” de Virginia Woolf.

La noche terminó de un modo muy alocado en el concierto de los Cannibal Corpse en la sala Heineken de Madrid, uno de los grupos de death metal más consolidados a nivel internacional; me transformé en otra, mi larga melena la puse a contonearse de un lado para otro, en este ritual o danza salvaje, me siento muy al mismo tono que el hombre, y es una forma de descargar todo mi estres, toda esa violencia que yo estaba guardando dentro de mí, lo viví y me fusioné con el entorno; además los restantes grupos estuvieron en lo alto de un gran listón. El cantante es brutal, la batería tiene un detonador impresionante, esta música sólo se puede entender como algo muy de percusión y los tonos se subordinan al ritmo y a la detonación. El ambiente fue muy bueno, la gente, todo.

Esa noche estuve comiendo en un mejicano, un zumo de guayaba, me acuerdo de una querida amiga de aquí, que una vez me habló de la guayaba, y después tomé una enchilada vegetariana con mole, muy buena, pero para mi gusto algo picante, pero no me sentó mal.

Hoy ha sido un día cultural, y de teatro, creo que lo escribiré en otro post.

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Denunciar contenidos este es tan esencialmente tú
servido por virginiawoolf 09 octubre 2009 11 comentarios

La gente joven de hoy, ¿cómo puede saber tanto? Cosas que a mí me ha costado aprender años ellos las saben.

Pero por otra parte no te enseñan nada, yo no podía estar sin mi padre recuerdo y él sin mí, y mi madre miraba por detrás, aunque no nos decíamos nada, cada uno estaba en su habitación. Mi madre nunca la oí quejarse de mi padre, que si mi padre no le hacía el amor, todas estas cosas que hoy día son comunes.

La gente joven por eso no comunica nada, está podrida, sólo sabe vivir, no sabe tener espíritu estoico, no sabe tener, estoy enfadada.

Si lo aprenden el espíritu estoico lo aprenden a destiempo, a base de frialdad y de la necesidad. ¿Qué vamos a dejar para cuando seamos viejos?

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Este eres tú. Este es tan esencialmente tú que si algún día dentro de veinte años pienso en ti, cuando los dos seamos viejos, con gota e inaguantables, te veré en esta escena. Y si has muerto ya, lloraré. Cierto tiempo hubo en que fuiste un joven Tolstoi. Ahora eres un joven Byron. Y quizá llegue el día en que seas un joven Meredith. Entonces visitarás París durante las vacaciones de Pascua, y volverás con una negra corbata, convertido en el discípulo de cualquier detestable francés de quien nadie ha oído hablar. Entonces romperé contigo.

»Soy una sola persona: yo. No suplanto a Catulo, a quien adoro. Soy una estudiosa sumamente disciplinada, con un diccionario a un lado, y al otro una libreta en la que anoto curiosos usos del participio pasado. Pero no se puede vivir siempre dedicada a disecar con cuchillo para mejor comprenderlas estas antiguas frases.

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Denunciar contenidos un soplo rasante
servido por virginiawoolf 07 octubre 2009 12 comentarios

Esta semana he quedado molida y la anterior, no me he atrevido a comunicar nada, hay cosas que todavía no las he asimilado, que he vivido.

Bueno, ya me deshice de mis inquilinos molestos y ya tengo ahora un alemán y una alemana, vuelta a la tranquilidad y al orden de nuevo.

Me alegro porque he hecho las cosas bien, otra vez la policía ha tenido que venir a mi casa, pero ya me conozco, yo siempre que les llamo escandalizo un poco las cosas, les digo las cosas de forma peor a como son, tal vez como serían si ellos no vinieran a tiempo, la intimidación otra vez ha dado resultado.

Así que desde luego la oposición marte plutón de este mes sin duda a mí me ha afectado de lleno, y además me tocaba en la casa 4 y 10, entre las casas de lo familiar el hogar, y la tensión con lo profesional, pues así me ha afectado.

Y ahora también estamos pendiente el día quince de este mes del nuevo rumbo que está tomando Saturno, precisamente el planeta regente de Capricornio, a mí me entrará en mi casa 7, la casa de las relaciones personales, por fin podré empezar a hacer algo más positivo, porque estos dos últimos años han sido muy parados para mí, aunque he estado estudiando mucho, pero la casa 6 ha significado la atención puesta en la salud y el trabajo, como efectivamente así ha sido.

Vengo desde hace muchos años observando los tránsitos de Saturno, más de catorce años viéndolo, y por eso me doy cuenta del efecto que tiene el paso de este planeta, que en cierta manera es lento, pero para mí tiene mucha influencia, sobre todo porque me marca los años en que estaré más parada que otra cosa, y también en los amores me influye, porque saturno da cosas más sólidas pero aún así no termino de consolidar, menos mal que la casa 7 de este año significa un paso adelante en este terreno.

En cuanto a ti ya te diré algunas cosas, ahora no he pensado bien, además siempre me dices que no te diga nada, que tú haces lo que tú quieres, pues bueno.

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La hoja muerta ya no seguía en su seto, sino que el viento la había arrancado, y ahora corría, y después se detenía, pegada a un tallo. Por todas las flores pasaba la misma onda de luz, en un repentino estremecimiento y esplendor, como si una aleta hubiera cortado el verde cristal de un lago. De vez en cuando, un soplo rasante e imperioso agitaba arriba y abajo las multitudinarias hojas, y, cuando el soplo comenzaba a extinguirse, cada hoja recobraba su identidad.

"The dead leaf no longer stood upon its edge, but had been blown, now running, now pausing, against some stalk. Through all the flowers the same wave of light passed in a sudden flaunt and flash as if a fin cut the green glass of a lake. Now and again some level and masterly blast blew the multitudinous leaves up and down and then, as the wind flagged, each blade regained its identity".

Denunciar contenidos Mandeville y Maquiavelo
servido por virginiawoolf 07 octubre 2009 3 comentarios

El capitalismo y las economías de mercado que ha tenido éxito sólo se pueden entender adecuadamente junto con sus paradojas. Como explica Adam Smith, no conseguimos nuestro pan cotidiano por la amabilidad del panadero, sino más bien porque éste desea ganar dinero. Nuestra necesidad de alimentarnos se satisface mediante la codicia de otros, lo que constituye claramente una paradoja. La perspicaz respuesta de Adam Smith se insertaba en un importante debate durante el siglo XVIII, iniciado en 1705 por Bernard Mandeville cuando proclamó que los vicios privados podían dar lugar a beneficios públicos. En 1776, cuando Smith publicó La Riqueza de las Naciones, aquel debate había concluido prácticamente, pero la presentación que de él ofreció Adam Smith, así como nuestra interpretación actual, han ocultado matizaciones muy importantes del principio de Mandeville en su forma más cruda.

Erik Pontoppidan, reaccionó en 1757 de una forma muy habitual a la afirmación de Mandeville de que el bienestar público provenía de los vicios privados. Pontoppidan había sido anteriormente obispo de Bergen, lo que explica en parte su indignación moral: si el vicio era la fuerza propulsora del bienestar, quien prendiera fuego a Londres por los cuatro costados sería un héroce por todo el empleo y la riqueza que se crearía así, desde los leñadores y aserradores hasta los albañiles y carpinteros. La fórmula para resolver este problema y consolidar la teoría de la economía de mercado fue bien expresada por el economista milanés Pietro Veri en 1771: “El interés privado de cada individuo, cuando coincide con el interés público, es siempre el garante más seguro de la felicidad pública”. En aquella época era obvio que en una economía de mercado esos intereses no estaban siempre en perfecta armonía. Se suponía que el papel del legislador consistía en promover medidas que aseguraran que los intereses individuales coincidían con los públicos.

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La teoría económica actual se basa en una interpretación de Mandeville y Smith que difiere de la habitual en la Europa continental durante el siglo XVIII.

(Erik Reinert)

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A esto el Conde de Chateaubriand me hace un comentario el otro día:

Conde de Chateaubriand:

“Bueno... creo no es exactamente así, de hecho mandeville se enfrentó a los moralistas británicos y el propio Smith tachaba su visión de "libertina." (el "libertino mandeville" ponía en una de sus cartas )Puesto que mandeville pone en contradicción lo que la cosmogonía newtoniana dice que no es. Ya que estos últimos afirman una natural armonía de intereses entre el bien público y lo deseable (moral) para la vida privada la ética de Smith describe al hombre en posesión de un sentimiento de compañerismo (lo digo porque la gente piensa justo lo contrario sin haber leido a Smith).

La teoría económica actual, al contrario de lo que dices y lo que se supone cada vez tiene menos que ver con los economistas clásicos. La economía en el siglo XvIII se estudiaba desde un lado descriptivo-filosófico-antropológico y tiene poco que ver con la noción de teoría económica que existe en la actualidad.”

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Ya pero de lo que se trata es realmente de encontrarnos con el Mandeville más crudo como dice Erik Reinert, con el Mandeville que no oculta la verdad de las cosas, que dice lo que se esconde detrás de esa cara del capitalismo oculto, y si no vamos a verlo ahora estudiando algo de Maquiavelo y algunas consideraciones desde la filosofía y la racionalidad sistemática, que también vienen a servir de punto de crítica y de apoyo, no digo que no, pero que pueden servir asimismo para verlos desde la distancia de la historia y la racionalidad. Y veremos que estos puntos de vista más crudos que hay que en la historia de las ideas no han sido seguidos del todo precisamente para que una cierta orientación ideológica o política se consolidase, incluso una cierta teoría económica pudiera emerger, pero es que Maquiavelo y su teoría en conclusión tampoco tiene una gran base de fundamentación racional o lógica, pero Mandeville entre otras cosas dijo cosas válidas que después tampoco se asumieron en la otra lógica de la historia. Veamos lo que dicen algunos filósofos de la historia y de la racionalidad.

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Los trata como abogados de una determinada concepción de la racionalidad sistemática funcional: lo serían desde Maquiavelo y Bodino. Y ello frente a una filosofía de la historia- de objetivos a largo plazo a partir de principios éticos universales.

“Desde el punto de vista de la teoría de la racionalidad, la imposibilidad de la planificación de la historia se expresa sobre todo en el hecho de que la racionalidad teleológica de nuestras acciones en el nivel de los sistemas sociales -por ejemplo, en el nivel del sistema económico, pero también, en el sistema educativo- puede transformarse en irracionalidad funcional, contrastada, por así decirlo, irónicamente por el hecho conocido desde Mandeville y Adam Smith, de que viceversa las acciones irracionales -especialmente también las acciones moralmente dudosas- pueden contribuir a la llamada “racionalidad sistemática”, por ejemplo, de la economía. Este problema de ninguna manera queda superado renunciando a su solución en el sentido de la “astucia del espíritu universal” hegeliana; pues precisamente después del fracaso de esta “superación” positiva del conflicto entre racionalidad de la acción y racionalidad sistemática funcional queda, por así decirlo, la intelección dolorosa en la siempre eficaz astucia negativa del espíritu universal.

Expresamente no he distinguido aquí entre racionalidad teleológica (inclusive la racionalidad estratégica) y racionalidad consensual-comunicativa como formas de la racionalidad de la acción. En efecto, ambas formas, en el nivel de la “racionalidad sistemática” funcional pueden convertirse en irracionalidad, dicho más exactamente: tanto acciones directamente racionales estratégico-teleológicas de los individuos y de los grupos de intereses, como acciones teleológicas que fueron coordinadas consensual-comunicativamente sobre la base de la racionalidad discursiva. Si no me equivoco, esto tiene como consecuencia que los individuos, en su actuar estratégico (pero también en su contribución a los cuasidiscursos) se convierten en abogados de una determinada concepción de la racionalidad sistemática funcional: desde Maquiavelo y Bodino, por ejemplo, en abogados de la “razón del Estado”, y en la actualidad además en abogados de diferentes concepciones competitivas de la racionalidad sistemática de la economía. (Quizás uno debería hablar de “racionalidad sistemática” sólo en la medida en que las personas, en tanto actores y hablantes en el discurso, pueden convertirse en abogados de esta racionalidad funcional.)”

(Karl Otto Apel, Estudios éticos).

Este texto que debemos a Karl Otto Apel denuncia aquí que la razón de Maquiavelo que se debe a ser el abogado de la “razón de Estado” nada menos. Hablan de racionalidad sistemática pero en realidad lo es de la racionalidad funcional. Pero este autor es quizás demasiado trascendental y filosófico, en verdad él lo que busca no es apartarse de la racionalidad estratégica sino asimilarla pero darle un giro consensual-comunicativo a la razón final para que podamos decir que la razón es ética.

“Si uno ve claramente las aporías -en no poca medida éticas- de estas concepciones de la planificación social, se infiere, según mi opinión, que sólo una forma de la teleología referida a la historia es hoy plausible: la fundamentación -ya insinuada por Kant en sus escritos sobre filosofía de la historia- de objetivos a largo plazo (como, por ejemplo, una sociedad jurídica de ciudadanos del mundo) a partir de principios éticos universales que en tanto tales, independientemente del éxito o del fracaso de intentos particulares de realización histórica, son susceptibles de obtener consenso”, dirá también el autor de “Estudios éticos”.

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Y por otra parte, en economía y en historia clásica se habla de una “teoría de las etapas”, que proviene de la de los ciclos.

“En los escritos de la Antigüedad, tanto en Grecia como en Roma, se puede detectar ideas incipientes de la teoría de las etapas. En la Germania de Tácito (c. 55-120), por ejemplo, se lee que “el grado relativo de civilización de las diferentes tribus germánicas dependía del mayor o menor predominio de la agricultura y el pastoreo con respecto a la caza en su modo de subsistencia”. La idea de las etapas provenía de la de los ciclos, muy antigua en la historia política. El economista e historiador árabe Ibn Jaldún (1332-1406), así como Maquiavelo (1469-1527), le concedieron gran importancia; con Jean Bodin, uno de los pioneros del Renacimiento, aparece la idea de que los ciclos históricos pueden tener una tendencia acumulativa y creciente (la idea de progreso), y también analiza el Estado-nación embrionario (la República), sus instituciones, leyes e impuestos.

Mientras que Bodin pone mucho énfasis en los condiciones geográficas y climáticas, Francis Bacon da en su Novum Organum (1620) otra explicación cuando considera las llamativas diferencias entre las condiciones de vida en diversas partes del mundo. Bacon postula que “esa diferencia proviene, no del suelo, el clima ni la raza, sino de las artes”. Como ya se ha mencionado, la aportación científica de Bacon a la teoría económica se basaba en la experiencia, pero también en la producción. Su idea de que las condiciones materiales de un pueblo están determinadas por sus “artes” -esto es, si vive de la caza y la recolección, del pastoreo, de la agricultura o de la industria- ocupó un lugar muy destacado durante el siglo XIX en la controlversia de Alemania y Estados Unidos con Inglaterra sobre teoría económica y política industrial. Durante la Ilustración el historiador William Robertson siguió la tradición baconiana: “En cada investigación sobre las actividades de los hombres reunidos en sociedad, el primer objeto de atención debería ser su modo de subsistencia. Según cómo varía éste lo hacen igualmente sus leyes y medidas políticas”. Las instituciones humanas estaban pues determinadas por su modo de producción y no al revés. La “nueva economía institucional” de los textos estándar de economía tiende a invertir la flecha de la causalidad, atribuyendo la pobreza a la falta de instituciones y no a un modo de producción atrasado.

Durante la Ilustración, y en particular entre 1750 y 1800, la teoría de las etapas ocupó el centro de la escena, sobre todo en Inglaterra y Francia. Desde 1848 en adelante, durante la expansión y ampliación geográfica de la sociedad industrial y la retirada de la economía ricardiana, la teoría de las etapas volvió a formar parte de la caja de herramientas de los economistas, ahora especialmente en Estados Unidos y Alemania. En aquella época los cambios fundamentales que se podían observar evidenciaban que el mundo estaba entrando en un periodo histórico cualitativamente distinto a los anteriores.

Las teorías de las etapas nacidas durante la primera Revolución Industrial -las de Turgot y el primer Adam Smith- nos presentan a los humanos primero como cazadores y recolectores, luego como pastores de animales domesticados y después como agricultores, para alcanzar finalmente la etapa del comercio. Es muy significativo que desde finales del siglo XVIII los economistas clásicos ingleses concentran sus análisis en la última etapa de la evolución, el comercio -la oferta y la demanda y los precios-, más que en la producción. Durante el siglo XIX los economistas alemanes y estadounidenses insistían en una interpretación muy diferente de las etapas de desarrollo. Para ellos todas las etapas anteriores se asociaban al modo de producir bienes, y juzgaban un grave error clasificar la siguiente etapa de desarrollo de otra forma. Esta diferencia de opinión sentó los cimientos para la divergencia abierta durante el siglo XIX entre la política económica alemana y estadounidense y la que prescribía la teoría inglesa. Para los economistas ingleses la última etapa era del “comercio”, mientras que para los alemanes y estadounidenses era la de la “industria”.

Éste es el punto clave en el que se desvía la actual economía estándar, descendiente de la “era del comercio” de Adam Smith, de la economía basada en la producción a la que me referí anteriormente como el Otro Canon, descendiente de la economía continental europea (en particular alemana) y estadounidense. La teoría moderna del comercio internacional, tras ignorar la importancia de la tecnología y la producción, como he dicho antes, insiste en que el libre comercio entre una tribu del Neolítico y Silicon Valley tenderá a enriquecer a ambas partes. La teoría del comercio del Otro Canon, por el contrario, insiste en que el libre comercio no beneficiará a ambas partes hasta que hayan alcanzado la misma etapa de desarrollo.

Las teorías de las etapas también permiten entender importantes cuestiones relativas a la población y el desarrollo sostenible: La población precolombina de Norteamérica, que consistía esencialmente en cazadores y recolectores, se ha estimado entre dos y tres millones de personas, mientras que la población precolombina de los Andes, que había alcanzado la etapa agrícola, se ha calculado en doce millones. Esto da una densidad de población entre treinta y cincuenta veces más alta en los Andes, aparentemente inhóspitos, que en las fértiles praderas del norte. Así, el concepto de sostenibilidad sólo cobra sentido cuando se combina con una variable tecnológica, con un modo de producción.

Al concentrar su análisis en el comercio y no en la producción, la teoría económica inglesa, y más tarde neoclásica, fue equiparando poco a poco todas las actividades económicas entendiéndolas como cualitativamente iguales. Las teorías de la producción que se añadieron más tarde a esta tradición anglosajona de la economía -la teoría estándar actual- la veían esencialmente como un proceso consistente en añadir capital al trabajo, de una forma bastante mecánica comparable al riesgo de plantas genéticamente idénticas que crecen en condiciones idénticas. La economía desarrolló, por utilizar la frase de Schumpeter, “la opinión pedestre de que es el capital per se el que impulsa el motor capitalista”.

Los textos estándar de economía no tienen en cuenta que las diferencias tecnológicas dan lugar a enormes variaciones en la actividad económica y por consiguiente también crean oportunidades muy diferentes para añadir capital al trabajo de una forma potencialmente rentable. La primera revolución industrial se produjo esencialmente en la producción de tejidos de algodón Los países sin ese sector industrial -las colonias- no tuvieron revolución industrial. Todos entienden la importancia de la revolución industrial, pero la teoría del comercio internacional de Ricardo pretende convencernos de que las tribus de la Edad de Piedra se harían tan ricas como los países industriales con tal que adoptaron el libre comercio. No estoy presentando un espantajo fácil de combatir; como muestra la cita del primer secretario general de la OMC Renato Ruggiiero en la Introducción, ésta fue de hecho la concepción que configuró el orden económico mundial después del final de la Guerra Fría”.

(Erik Reinert, es economista, especializado en la investigación tecnológica para el desarrollo).

Finalmente cito una opinión filosófica, la de Karl Otto Apel, que yo suscribiría en su integridad también:

“Justamente porque la marcha de la historia no puede ser predicha ni en pronósticos “incondicionados” ni “condicionados”, las personas necesitan objetivos a largo plazo que puedan apoyar en todo momento. Me parece que estos objetivos no deben ser inferidos de “imperativos sistemáticos” funcionales -por ejemplo, de política del poder o económicos- porque a través de ellos tendencialmente los sujetos humanos de la acción son degradados a meros medios. Naturalmente, en una “ética de la responsabilidad”, las personas transitoriamente tienen que transformarse también en abogados de la racionalidad funcional de los “sistemas”: pues manifiestamente la supervivencia de la comunidad real de comunicación humana depende de la autoafirmación de sistemas sociales funcionales. Pero el desarrollo a largo plazo de aquella racionalidad consensual-comunicativa que -desde el surgimiento del lenguaje y del pensamiento- está dada en el mundo de lo vital de todos los hombres y que caracteriza el objetivo por lo menos del entendimiento no violento sobre fines y objetivos, tiene que conservar prioridad teleológica frente a una “colonización del mundo vital” a través de estructuras y mecanismos y de conducción tendencialmente anónimos de la llamada racionalidad sistemática

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